viernes, 29 de abril de 2011

¿Evitar los conflictos? No, asumirlos.

Evitar que un desacuerdo se convierta en una ruptura total, es un precepto prudente que en nuestro medio cultural se practica a diario. Son muchas las personas que en un momento crítico han oído frases como estas: “deje las cosas así”, “no le dé importancia”, “en el camino las cargas se arreglan”, “no le eche leña al fuego”, etc., etc. Sin embargo, evitar resolver las diferencias también puede matar el alma, el sentido mismo de las relaciones y de la vida.
Esta forma de actuar lleva a las parejas y a las familias a postergar conversaciones importantes; convencidas de que el tiempo se encarga de todo: anestesian sus sentimientos. ¿Será posible una vida plena evadiendo los conflictos?
En no pocas ocasiones son tantas las cosas que una pareja ha ido metiendo en la nevera, que la vida cotidiana termina por transcurrir en largos silencios que se interrumpen solo para hablar “de lo necesario”: “¿A qué hora regresas?”, “¿Almorzamos donde mis padres?”, “¿A dónde vamos de vacaciones?” O, peor aún, la riqueza del encuentro de la pareja en la noche se pierde dentro de un libreto predecible: “¿Cómo te fue?” “Bien, gracias, ¿y a ti? ¿Ya comenzó el noticiero?” De esta curiosa manera se crea la sensación de que se tiene una vida tranquila. Se olvida que la paz tiene que ver con la confianza, en que el otro es interlocutor válido para disfrutar igual lo cotidiano que las crisis.
Otro tanto ocurre en los medios laborales. Allí también se considera que es más sabio evitar resolver los conflictos. Un desacuerdo con la opinión del jefe puede ser peligroso, tanto para el que manda como para el que obedece, ya que uno puede perder el empleo y el otro la autoridad. Por lo tanto, si la autoestima o la dignidad no se interponen gravemente, parece mejor pasar agachado, aunque esto resulte en una perdida de oportunidades para la empresa. Y, finalmente, ni siquiera el ego del que manda será ganador.
Sucede que nuestras creencias culturales nos han enseñado que tener prestigio y respeto social es más importante que nuestra felicidad interior. Y, por lo tanto, no debemos hacer nada que lo amenace. Dentro de esa idea, una relación estable, de larga duración, cuenta que somos personas de bien y merecemos respeto, no importa qué tanto agonice el amor en ese vínculo. Mantener la posición de jefe implica sostenerse en el lugar del que todo lo sabe, ser un ganador que merece el poder que abre puertas, no importa cuántas buenas o valiosas conversaciones se desperdicien en ese recorrido.
Recuerdo el relato de un hombre que no entendía qué le pasaba, pues llevaba un largo y bien avenido matrimonio. A su manera de ver, era tan perfecto que ni siquiera necesitaban hablar, pues conocía muy bien todos los gustos e inconformidades de su cónyuge. Ambos sabían lidiar con el otro. Desde luego, habían aprendido a vivir en las mismas rutinas, cómodas, tranquilas, sin sobresaltos. Poseían los acuerdos necesarios para evitar conflictos y, sobre todo, ningún tema peligroso se tocaba. Pero ahora él había conocido a alguien muy distinto, y con esta persona todo era nuevo. Había una gran cantidad de asuntos para resolver. A él, esta nueva relación llena de conflictos le parecía emocionante y vital.
Le pregunté: ¿Qué pasaría si se atreve a discutir con su esposa esta experiencia por la que usted está pasando? Se asustó mucho y me dijo: “Pues ella se molestaría y nuestro matrimonio se terminaría”. Pero se quedó pensando un momento y afirmó: “Igual se va a terminar si no le doy la oportunidad de que vuelva a ser vital, así que en verdad no pierdo nada si hablo con ella”.
Y es que el amor es la fuerza que impulsa el crecimiento y la evolución de los seres humanos y de las relaciones. Así, cada obstáculo en la comunicación, cada conflicto, es una invitación a expandir nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos.
Cada vez que el temor a vivir un conflicto nos invade y preferimos las rutinas conocidas, la llama de amor se va muriendo en nosotros y nuestra vida se torna gris, aunque parezca tranquila o exitosa. En cambio, cada vez que logramos ser comprensivos, cada vez que nos comprometemos con resolver una diferencia o un conflicto, experimentamos la sensación de estar vivos. Cuando vamos mas allá de lo programado, creamos nuestro futuro, lo hacemos impredecible y por lo tanto, vital.

martes, 26 de abril de 2011

Atrévete a Ser Tú Mismo

El único propósito de la vida en este plano es el de aprender a ser felices. El recorrido hasta lograr la maestría puede ser muy largo y lleno de obstáculos, si permaneces enfocado en metas externas. O puede ser un trayecto corto y agradable, si te atreves a ser tú mismo, aceptando y valorando ese instrumento, que es tu cuerpo, y la función que en la sociedad humana tenga que desempeñar.

Cada ser que nace en la Tierra es una ficha única, de ese rompecabezas enorme que significa la totalidad. Esa ficha es útil, cuando su forma no ha sido distorsionada y encaja bien en el sitio que le corresponde. La forma corporal y la actividad por cumplir también guardan una correlación mágica: si traes, como aprendizaje, realizar oficios que requieran resistencia y fuerza bruta, en claro que tu cuerpo no podrá ser delicado y fino como el de un poeta, ni tampoco te distinguirás por la fragilidad etérea que caracteriza una bailarina de ballet.
Todos los seres humanos son bellos, porque expresan la variedad y multiplicidad con la que se viste la vida. Tú, como mujer, puedes ser gorda, delgada, alta, bajita, negra, cobriza, o rubia; puedes tener rasgos agudos, o una cara plana de luna llena. ¡Y siempre estarás bien! Es correcto que tu cuerpo cambie con las estaciones, porque cada edad tiene un diseño propio, de acuerdo a los roles que tiene que asumir: la espigada señorita casadera, la madre de suaves formas redondeadas, o la abuela de apariencia venerable.
Un sistema de educación equivocado, y la insistente lavada de cerebro para promover el consumismo, han provocado el que la gran mayoría de los individuos quieran ser distintos de lo que son, y se esfuercen por estar en el sitio que no les corresponde. Hay que advertir que quienes así han sido condicionados, están destinados a reciclar luchas y desencantos. Ellos proyectan la felicidad hacia el futuro, lo que es garantía de su ausencia en el ahora.
Las modas imponen un modelo, y el rebaño obediente lo acata. Hemos llegado hasta el extremo de rechazar de “lo que es”, para dar prioridad a lo que “debería ser”. ¿Eres mujer? Para la sociedad solo eres aceptable si el tiempo y la experiencia no se notan en tu cara, y si tu figura coincide con el prototipo de “la muñeca Barbie”. Ella representa la forma humana inerte, sin corazón, y con aserrín a cambio de cerebro. ¡Y pensar que para lucir así, muchas se someten a moldear su cuerpo con la cuchilla del cirujano plástico!
Es enorme el sufrimiento que experimenta el ser humano porque no se acepta a sí mismo. Pero esta actitud aprendida nace de la perversión de un sistema que inculca el irrespeto por la vida. No te dejes engañar, la verdad es que tú nunca podrás coincidir con ningún molde que no esté hecho a tu medida. Además, cuando te empeñas en ser, o en hacer, aquello que no te corresponde, vas directo a sumar fracasos y añadir más bloqueos a tu ya desequilibrada hoja de vida.
Entonces, no te extrañe que el primer paso hacia la felicidad consista en aceptar tu cuerpo físico tal como es. Aprende poco a poco a valorarlo, porque es la única presencia con la que puedes contar “hasta que la muerte los separe”. Comprende que la verdadera belleza no depende del tipo de nariz que exhiba el rostro. Belleza es un estado de equilibrio interno, que se manifiesta externamente como un estado permanente de salud y de armonía.
Tu envoltura física cumple con expresar fielmente aquello que tú eres en los mundos sutiles. Recuerda: “como es adentro es afuera”. Tu figura es moldeada por las actitudes internas: tus pensamientos, y emociones, tus palabras y acciones se vuelven carne y sangre. ¡Observa! Tu vida puede volverse fascinante si estás atento a la acción y reacción: eres la combustión continua de mente, y emociones que se transforman en materia.
Impresas en tu cuerpo llevas las huellas de lo que ya viviste, y las promesas de lo que está por venir. La ley de “Causa y Efecto” rige en cada instante. Por ello, si persistes en dejarte robar la paz por inútiles tormentas emocionales que no aportan soluciones, el precio que tendrás que pagar será muy alto: se alterará tu postura, lo que acarreará dolores; y nuevas arrugas en tu cara delatarán cada tropiezo. ¿Deseas retrasar el envejecimiento? Ningún ingrediente puede ser tan efectivo como estar en paz contigo mismo, y proyectar esa paz a quienes te rodean.

miércoles, 20 de abril de 2011

Disolver conflictos

Todos los seres humanos tenemos dos aspectos que mostrar al mundo: la cara amable, con todas las cualidades y fortalezas que hemos desarrollado, y el aspecto negativo con todos nuestros defectos, fallas de carácter, e innumerables carencias. A esto habría que añadir que cuando la parte positiva está muy desarrollada, por lo regular también la sombra es muy poderosa.
La ciencia de la felicidad consiste en saber alinearse para poder obtener lo mejor que cada ser tiene para dar. Esto se logra solamente cuando somos capaces de mantener nuestro enfoque en su lado positivo. Cuando ocurre lo contrario (percibes reiteradamente sus defectos, no escatimas en la crítica, y rechazas un determinado comportamiento que tú desapruebas) entonces creas la correspondencia exacta para que esa persona descargue en ti toda su negatividad. Realmente todo depende del lente que tú uses, porque es tu enfoque el que crea las correspondencias. Tus experiencias siempre responden a una ley cósmica que decreta: “De lo mismo que tu das, recibes”.
Consideremos por ejemplo el caso de una pareja de enamorados. Cuando están de novios normalmente los dos se regocijan en las cualidades del otro, y su relación los transporta hasta la cumbre de la felicidad y la armonía. Sin embargo, en el momento en que comienza su convivencia, empiezan a notar los defectos del compañero, y sus atributos positivos fácilmente pasan a segundo plano. Entonces la polaridad cambia, y se comienza a atraer es lo peor que la pareja tiene para dar, naturalmente en detrimento de la felicidad mutua.
Todo conflicto en las relaciones comienza con el enfoque de la mente en un aspecto negativo del otro. La mente juzga, hace su propia interpretación de lo que ve, y luego condena. Cuando un patrón mental ha sido creado, la energía fluye en la dirección que se le imprime, hasta devolverse y producir un resultado. En el caso antes citado las consecuencias serán: perder la paz, y atraer cada vez más sufrimiento. Con el agravante de que, una vez ese patrón mental queda establecido, será más fácil reciclar desdichas, que cambiar las actitudes ya establecidas.
La crítica y el chisme son un paso más adelante en este proceso de crear conflictos. Cuando la palabra hablada se une al pensamiento negativo, quiere decir que la energía de creación, que hemos emitido, llevará más fuerza. Tarde, o temprano el boomerang que hemos lanzado retornará a su dueño, trayendo consigo una carga negativa, que invariablemente producirá roces, disgustos y molestias.
Te preguntas entonces ¿por qué nadie me quiere? ¿Por qué mis relaciones están llenas de asperezas y solo recojo incomprensión y agresividad de quienes me rodean? ¡Observa tus pensamientos, y tus palabras! En tu mente tienes la energía para crear tu realidad. Si escoges pensar lo peor del otro, atraerás lo peor que él, o ella tiene para dar. Si reconoces sus valores, y te enfocas en ellos, ocurrirán dos cosas, ambas favorables: 1) Te sentirás bien contigo mismo, y 2) Esa persona estará abierta para compartir contigo sus tesoros internos.
No olvides que hasta el criminal más empedernido, hasta el ser más abominable, posee una chispa de luz en su corazón. Concéntrate en reconocer esa chispa, y experimentarás en tu mundo la milagrosa transformación que solo el poder del amor sabe brindar.

lunes, 18 de abril de 2011

Mente sin Juicio

Sabio no es aquel que tiene su mente atiborrada de información. La verdadera sabiduría consiste en poder ser felices en el mundo tal como es, sin pretender acomodarlo como a nosotros nos gustaría que fuera. Tu paz interior y felicidad dependen de aceptar que no puedes elegir lo que crees que debería ser, pero sí puedes escoger como quieres ver lo que ya tienes. Cuando juzgas como buena o mala una situación confundes la realidad con tu interpretación de ella. Entonces harás que la paz sea imposible para ti, porque tendrás tu mente enfocada en conflictos. Y, por ley de correspondencia, conflictivas serán también las experiencias que el mundo exterior te brinde.
Tienes que aceptar que donde hay luz también existen sombras. Porque el bien y el mal, a pesar de ser dos fuerzas opuestas, son socios, que trabajan juntos con una meta común. Por eso, lo que tu mente califica inicialmente como mal, tiene grandes posibilidades de ser, a largo plazo, un bien disfrazado. Si vamos a escalar una montaña, no son las asperezas de las rocas las que nos hacen posible trepar cómodamente?
Hay una antigua parábola de Chuang Tzu, que pone en evidencia las diferencias entre el sabio y el ignorante. “Hace muchísimos años en la antigua China hubo un hombre llamado Lao Shang, que tenía fama de ser muy sabio. Lao Shang tenía dos tesoros: un hijo adolescente muy inteligente y bien parecido, y un caballo dócil, de raza muy fina.
Un día el caballo desapareció. Llegaron los vecinos y amigos de Lao Shang con toda clase de conjeturas sobre lo que había ocurrido al caballo. Todos estaban desolados por la mala suerte de aquel hombre justo. Pero él, aceptando la situación, les dijo: “antes no tenía caballo y era feliz, ahora, que ya no está, también puedo ser feliz sin él. No veo razón para estar triste”.
Unos días más tarde volvió el caballo a casa de los Shang, y traía consigo una manada de preciosas yeguas. Llegaron los vecinos y amigos alborozados ante la buena noticia. Pero Lao Shang permanecía impasible, sin ver motivo alguno para tanto festejo.
Algunas semanas después el joven, hijo de Lao Shang, decidió montar una de las yeguas nuevas que habían llegado con el caballo. Pero, al primer intento, la yegua despidió a su jinete lanzándolo contra una roca del camino. El muchacho quedó con una pierna destrozada, y hubo que amputársela para salvar su vida.
Horrorizados amigos y vecinos se presentaron ante Lao Shang para apoyarlo ante semejante desgracia. El hombre sabio entonces les dijo: “ quién puede percibir los procesos sagrados del cielo y de la Tierra? Las cosas disminuyen acá y aumentan allá; se presentan completas en un sitio, sufren desmembraciones en otro. Disminución, aumento, éxito, decadencia son los emblemas de la vida y la muerte. Solo la evolución del ser progresa sin tregua. Y con estas palabras los despidió.
Pasado algún tiempo China entró en guerra con Japón. En la población donde habitaba Lao Shang todos los jóvenes aptos para portar armas fueron reclutados para matar o morir. Solo Lao Shang pudo conservar a su hijo junto a él, gracias a que le faltaba una pierna. Así el más grande infortunio de su vida se convirtió en su mayor bendición”.

domingo, 17 de abril de 2011

El Despertar de la Conciencia

La Bendición de irse dando cuenta.

La luz sirve para alcanzar a ver dónde estaba oscuro. Esa es mi más concreta e incipiente explicación de lo que es la iluminación para una vida práctica. Y una de las más grandes dichas de la luz es que, sirviéndonos para iluminar aquel lugar que estaba oscuro, así descubres que en realidad, ahí no había nada. “Darse cuenta” es lo que desvanece toda atemperante reacción y al mismo tiempo hace surgir una amorosa comprensión que permite que Todo sea. Esa es la bendición de un despertar a una Nueva Conciencia. Sin embargo, sé que me podrías preguntar: ¿Darme cuenta… de qué? Y mi respuesta es lo que en esta nota te voy a comentar, darte cuenta de tu iluminación.
Aunque pueden existir una miríada de estados de conciencia, es decir, niveles desde los cuales te puedes dar cuenta, hoy, te nombraré cuatro a mi entender, desde uno de los más primitivos estados de conciencia hasta otro mucho más evolucionado:

- Nivel 1: Te sucede algo.
- Nivel 2: Te das cuenta de que te sucede algo.
- Nivel 3: Te das cuenta que te das cuenta de que te sucede algo.
- Nivel 4: Observas que te das cuenta que te das cuenta de que te sucede algo.

Explicaré brevemente cada uno. En el primer nivel, eres conciente de lo que te sucede, pero tu conciencia de esos eventos consiste sólo y exclusivamente en reaccionar ante ellos. Por eso, por ejemplo, cuando alguien no te trata como tú crees merecer, te molestas o te decepcionas, y la incipiente forma de darte cuenta de que no se te trató como tú querías, es experimentando tu molestia o decepción. Es decir, tu reacción es la única forma en como sabes que algo te sucede; estás en la forma; aquí no piensas, solo reaccionas, y según tú, en total justicia y equidad ante los hechos. En este nivel, el comportamiento humano obedece una ley newtoniana muy antigua: a toda acción corresponde una reacción de igual magnitud pero en sentido contrario. Este primer nivel de conciencia es muy sustentado en el ego de cada uno de nosotros, aquella parte nuestra que siente merecer y cree debe ser tratado de determinada manera en virtud de lo que damos o somos. En este nivel eres una víctima de las circunstancias, una clásica trampa del ego que te abre las puertas al infierno aquí en la Tierra.
Asciendes al siguiente nivel de conciencia cuando deliberadamente deseas sentirte bien y para ello quieres saber más de la evolución del ser humano y dedicas tiempo y espacio a estudiar y leer al respecto para transformarte. En el segundo nivel existe un cambio muy sutil, a veces imperceptible, con respecto al nivel previo. Aquí también reaccionas, pero te das cuenta de que estas reaccionando. Aquí ya piensas, ya piensas que se está tratando de una reacción. Te preguntas porqué sientes tal o cual sentimiento, en lugar de sólo sentirlo. Aquí empiezas a ver que tu molestia o decepción (para seguir con el ejemplo inicial), es algo que surge de ti y no tan solo en respuesta a. En este segundo nivel todavía te molestas o te decepcionas, pero ya empiezas a preguntarte, es decir, a pensar en que tú no tienes por qué ser una víctima, aunque lo sigas siendo.
Asciendes al siguiente nivel de conciencia cuando deliberadamente deseas sentirte bien y para ello quieres saber más de la evolución del ser humano y dedicas tiempo y espacio a estudiar y leer al respecto para transformarte. En el tercer nivel te percatas de que se está repitiendo un patrón. Para seguir con el ejemplo, percibes que alguien te trata mal, desmerecidamente, piensas que deberías reaccionar como lógica consecuencia, pero ahora, al observar lo que siempre te pasa, ahora prefieres no hacer nada. Aquí dejas de reaccionar con manifestaciones externas o formas. Aquí hay solo un desencanto interior ante el trato que recibiste. Pero no pasa de eso. Aquí dura menos el malestar que ahora se volvió sólo interior. Ya empezaste a ir más allá de la forma exterior. Notas que ya no tienes fuerza para explotar, porque ya no te interesa y sabes que te desgasta. En este tercer nivel, ya sabes de ese tremendo desgaste por gran experiencia. Por eso aquí te das cuenta que te das cuenta que te sucede algo. Y ese darse cuenta ya conlleva una información muy valiosa para ti basada en la experiencia, de tal manera, que empiezas a optar por no conferir tu energía vital a tan desgastantes consecuencias de la forma, mismas a las que te puedes adelantar y así las evitas. En este estado de conciencia empiezas a darte cuenta de que todo parece tratarse de una lección que debes aprender. Como aquí te das cuenta que te das cuenta que te sucede algo, alcanzas a ver que ya se está repitiendo mucho el mismo patrón, atraes al mismo tipo de personas, te suceden las mismas “desgracias” una y otra vez, se te aparecen los mismos estilos de carácter aunque sea en diferentes cuerpos.
Entonces empiezas a suponer que quizá se trate de ti y tu causa atractora (nivel vibracional). Te empiezas a dar cuenta de que el único común denominador de todo lo que te pasa eres tú (con tu ego) y tu necesidad de juzgar lo que está bien y lo que está mal para como se te trata, y para con todo. Incluso te empiezas a cuestionar si algo está mal en ti. Te llegas a responder que quizá sí.
Asciendes al siguiente nivel de conciencia cuando deliberadamente deseas sentirte bien y para ello quieres saber más de la evolución del ser humano y dedicas tiempo y espacio a estudiar y leer al respecto para transformarte. En el cuarto nivel de conciencia, observas. Y alcanzas, como una bendición, a darte cuenta de que quien eres realmente es precisamente ese, el que observa. Sucede como un mágico desprendimiento de la forma (ego). Ya no eres al que le sucede algo, ya no eres el que se da cuenta de que le sucede algo, ya no eres el que se da cuenta que se da cuenta de que le sucede algo, sino que descubres que eres el que observa todo aquello. Y cuando te llegas a identificar plenamente con el observador, a su vez, en otro divino avance en tu estado de conciencia sucede que te das cuenta de que “el observador” siempre esta bien. ¡Siempre! Pase lo que pase. Porque no le pasa a él. De hecho al observador no le pasa nada, solo observa lo que sucede en los demás estados de conciencia. Por ello resulta en una bendición identificarte con el observador, resulta divino, porque el observador no es otra cosa que tu espíritu. Llegas a una dimensión donde descubres que, como mero observador, con la única y exclusiva actividad de observar, ya no hay cabida para ningún juicio origen de todo malestar, ya no juzgas, ya no te debates entre si algo está bien o mal. Solo observas pacíficamente el desenvolvimiento de las cosas y te regocijas al entender que todo obedece a frecuencias vibratorias que coexisten naturalmente como un todo.
Aquí no solo te das cuenta, como en el nivel anterior, que con cada conflicto se te presentaba una lección que aprender…, sino que ¡aquí la logras aprender! Y con ello desaparece la insistente aparición de cíclicas circunstancias que sentías que te dañaban. Aquí alcanzas a observar que lo que te pasaba no estaba ahí para castigarte, sino para darte otra oportunidad de aprender la lección, una y otra vez. Al observar, te dices: ¡Esta bien, he aprendido la lección! ¡Todo se trataba de mi ego y hoy sé, gracias a que observo mi verdadero ser, que no soy un ego! Entonces, en el acto, desaparecen todas las necesidades del ego. En el acto, te transportas del infierno al paraíso, aquel divino lugar donde lo normal es estar bien. Llegas a un lugar donde no hay cabida para ningún conflicto ni en la forma ni en en el fondo, cuando mucho, observas el conflicto pero muy, muy de lejos.
Ya no tienes ningún interés, ni el más mínimo, por discutir, por ganar, o por demostrar nada. De hecho, ya no hay ningún interés. Te encuentras en paz observando, pero observando desprendido de todo sentimiento negativo, desprendimiento que se sucede al entender y libremente enfocarte a lo que sigue. Con cada avance en tu estado de conciencia logras transformarte.
Si has notado, en cada nivel te nombro la palabra “transformarte”, y no es casualidad. Mira que hermoso, permíteme arrojarte luz en esta palabra para que la observes bien (¡me emociona explicarte esto!): si divido la palabra “transformarte” en tres, obtengo “trans-form-arte”, donde trans es el prefijo puesto a las palabras con el significado de la parte opuesta, significando “atravesar, ir más allá de”; form se refiere a la “forma”, es decir, la apariencia externa de una cosa (ego) en contraposición a la esencia de que está compuesta (espíritu); y arte la define el diccionario como conjunto de procedimientos para producir ciertos resultados, habilidad, destreza. De esta manera, con una Nueva Conciencia has de entender que “Transformarte” es la habilidad como conjunto de procedimientos para atravesar e ir más allá de la de la apariencia externa de las cosas, es decir, la destreza para ir más allá de la forma (ego) y conocer tu esencia, tu espíritu.
Transformarte es hacer con gran destreza lo necesario para darte cuenta de que no eres un ego; transformarte descubre tu identidad verdadera que está mucho más allá de eso, alcanzando tu espíritu. Y así, llegando allá, a esa identidad esencial, dejas de sufrir. Ahí, en nuestra esencia espiritual, lo normal es estar bien. ¡Eso es trans-form-arte! Quizá a partir de ahora veas con más respeto y admiración a esa palabra por lo que encierra. Como ves, todo te cambia cuando te das cuenta. Todo lo percibes distinto cuando hay iluminación.
En el cuarto nivel de conciencia del que hoy te estoy hablando, alcanzas a observar que todo conflicto de los previos estados de conciencia, desea ser resuelto inherentemente. De hecho, este deseo de ser resuelto es el motivo de su reiterada aparición. Observas, como una bendición, que la aparición de un conflicto resulta ser una invitación a darte cuenta y si lo logras, así avanzar al siguiente estado de conciencia. Por eso, el conflicto, a menos de que tú no decidas resolverlo, se seguirá apareciendo una y otra vez, hasta que aceptes la invitación a evolucionar dejándolo atrás.
Todos estamos, todo el tiempo, invitados a evolucionar, a ir hacia la luz. Por eso, has de resolver el conflicto para avanzar. ¿Cómo resolverlo? Fácil: observando. Observando claramente (gracias a la iluminación) que la esencia de tus conflictos son trampas del ego, y cuando observas al ego actuando sobre ti, lo desempoderas, le quitas el poder, lo descubres, lo desnudas, y francamente así, te das cuenta de que el conflicto era tan solo la escenografía y la tramoya que te distraían del autor de la obra: el ego; y al observarlo, tienes claramente la opción de deshacerte de él y sus necesidades puestas en escena. Incluso, con el tiempo, mientras más estés en este cuarto nivel de conciencia, te sorprenderás hasta con risa de ti mismo, por cómo te alcanzaste a creer la “desdichada puesta en escena” de los estados de conciencia previos.
No podrás dar crédito de cómo creíste en (y con ello creaste) una obra para niños, niñititos tontos, donde siempre elegiste participar con el papel de víctima. La alegría y misericordia con la que te observarás no tienen igual. Sentirás un gran amor por ti y hasta por los que montaron la obra, incluso por su autor y coautores, tu ego y el ego de los demás. Aquí experimentas una enorme bendición en forma de gran dicha cuando descubres que todo se trató de una lección y que al fin, la has aprendido. Todo sufrimiento se desvanece en el acto. La oscuridad desaparece en el instante en que la luz hace su aparición.
Por último, he de confesarte algo de gran envergadura y solo para aquellos que estén dispuestos a vivir, una y otra vez, una Nueva Conciencia, es decir, a evolucionar espiritualmente en forma continua, transformarte. Pon atención en esto, que bien podría tratarse de un quinto nivel, el más sorprendente quizá hasta donde he alcanzado a conocer intuitivamente:

- Nivel 5: Observas el Todo como Unidad.

Para tu sorpresa, en este nivel ya no hay distinción entre luz y oscuridad. Se funde la famosa dualidad en Una sola existencia. Alcanzas a ver que se trata de una sola sustancia, un solo poder, una sola fuerza, con sus dos lados. Alcanzas a ver que en presencia de uno, el otro está necesariamente implícito. Te das cuenta que puedes elegir en todo momento de qué lado estar, pero sin rechazar ni “pelearte” con el otro. Sino amorosamente aceptando la coexistencia, porque en verdad se trata de lo mismo. En este nivel de conciencia te empiezan a hacer sentido frases como esta: “El miedo y el odio son amor, pero en sentido contrario”. Resuenan con gran intensidad frases que hace mucho que habías escuchado pero que hasta hoy recobran un tremenda verdad en tu interior: “En el mundo no hay maldad, sino abundante ignorancia”. Comprendes que muchas personas se han equivocado “de sentido” pero que todos estamos recorriendo la misma única carretera. Comprendes que hasta el “más equivocado”, el que va para el sentido contrario, y para colmo rápido y con fuerza, llegará a un punto (¡llegará!) en el que no tenga de otra mas que darse cuenta de que el sentido correcto era para el lado contrario y emprenda el regreso. Comprenderás que no hay prisa. Estarás preparado para comprender delicadas verdades de unidad total como esta:
“Tan pronto como tú decidas qué ser y hacer, todo lo contrario a ello se te hará presente en tu espacio para que te puedas descubrir. La verdad acerca de los opuestos es que en realidad no existen, excepto en el espacio de lo otro. Debido a que algo no es nada salvo en el espacio donde no es, sucede que cuando te conviertes en un ser que trae luz y cada vez más, no solo habrá una franca oposición, sino que la oposición misma se incrementará…, y deberás regocijarte. Observarás la oposición como signo seguro y cierto de que te encuentras en tu viaje de transformación, en el sendero al paraíso, en el elevado camino hacia la luz. Te alcanzas a regocijar al observar que a mayor oposición, más confirmación del elevado alcance de luz al que estás llegando. Y tú solo observarás pacíficamente el proceso como un Todo, donde incluso empiezas a amar a la oposición. Tu sorpresa: con ese amor se desvanece la ilusión de la dualidad, y todo está bien”.

lunes, 11 de abril de 2011

EL EFECTO DE LA LUNA EN NOSOTROS

La luna nos influye en nuestro estado de ánimo, varía nuestra vitalidad, capacidad intelectual, sensibilidad, etc. Su ciclo de 28 días, que es la duración de una vuelta completa alrededor de la tierra, afecta con la vibración específica según la fase en que se encuentra.
Generalmente las personas no conocen las fases lunares, su significado e importancia en el cotidiano vivir, de hecho muchos sólo conocen la luna llena porque la asocian con imágenes románticas, el hombre lobo y otros cuentos. Bien, ahora aprenderás a distinguir y diferenciar cada fase lunar, y podrás saber cómo utilizar la energía que se le asocia.
Las fases lunares tienen su origen en el continuo movimiento del Sol, la Tierra y la Luna. Son cuatro, duran siete días en promedio y en su conjunto completan un mes lunar de 28 días y medio, aproximadamente. Los meses lunares son trece, su punto de partida siempre será el día de luna nueva. En las cartas del Tarot 13 es el número del Arcano que representa la Muerte, el fin natural de un ciclo, la posibilidad de trascender, resurgir, renacer, resucitar a otro nivel de experiencia, cambio y evolución, siempre que se reciba con los brazos abiertos y la conciencia despierta.
SIMBOLISMO ESOTÉRICO
Una explicación esotérica de las lunas puede ser dada a través del simbolismo del Tarot y de la Numerología. En las cartas del Tarot el 13 es el número del Arcano que representa la Muerte, es decir, el fin natural de un ciclo, la posibilidad de trascender, resurgir, renacer, resucitar a otro nivel de experiencia, señala cambio y evolución siempre que se reciba con los brazos abiertos y la conciencia despierta.
En resumen, cada nueva luna trae la posibilidad de un nuevo comienzo, una nueva experiencia, un ciclo diferente o la oportunidad de hacer las cosas de otra manera. Por si fuera poco todo este simbolismo nos indica que también debemos tomar en cuenta que cada lunación se colorea e impregna de las típicas características del signo donde ocurre, otorgándole a cada Luna un sentido y una dirección específica.

El poder de la LUNA
Desde tiempos ancestrales, la Luna ha significado mucho más que un astro que nos cautiva con su brillo en las noches. Ha sido objeto de supersticiones, incógnitas, inspiración y leyendas.
El misterio que despierta ha seguido latente hasta nuestros días. Muchos agricultores todavía se dejan guiar por sus fases para los momentos de siembra y cosecha. A su vez, hay quienes aseguran que es durante la luna llena cuando surgen más accidentes y suicidios, confiriendo a este satélite natural cierto dominio sobre nuestra psiquis.
Algunas creencias han motivado a la comunidad científica a realizar diversos estudios respecto a la supuesta influencia que ejerce la luna en la naturaleza. Se ha comprobado que la marea varía según la fase lunar. También, que existen variaciones en la presión atmosférica y oscilaciones en la intensidad del campo magnético. Incluso, se ha observado que afecta los procesos metabólicos en los organismos vivos y la conducta del ser humano.
Sin embargo, todavía sigue siendo objeto de estudio las verdaderas causas que propician tales fenómenos. En el caso específico de la influencia psíquica, la comunidad científica todavía clasifica tales observaciones como especulaciones o supersticiones. En muchas de las investigaciones, las razones para esta conclusión descansan, más bien, no en el hecho de que no se observen ciertos cambios en el comportamiento humano, sino, en que no existe data suficiente que permita darles seriedad a tales aseveraciones.

LA INFLUENCIA PSIQUICA
Durante siglos, diversas culturas le han dado cierto aire de misticismo y poder a la Luna. “La naturaleza es sabia”, “El Universo nos ofrece en todo momento lo que necesitamos para nuestro progreso y la Luna es uno de esos recursos naturales”. Este satélite “influye en nuestro campo áurico o energía”. De hecho, por eso no es casualidad que se trate de “uno de los elementos que se utiliza en la astrología”.
De acuerdo con el conocimiento que se tiene sobre este astro, “la luna nueva es la que mayor influencia positiva ejerce en el ser humano”. Por el contrario, “el cuarto menguante y la luna negra son las menos favorables”.
Si observamos y prestamos atención a la influencia de la Luna, podemos tomar ventaja para mejorar nuestra salud física y espiritual”. De esta manera, “abrimos las puertas para que su magia nos ayude en nuestro diario vivir”.


sábado, 9 de abril de 2011

LA FELICIDAD Y EL AMOR

La felicidad y el amor van juntos pero no producen emociones, ni excitación, porque esto es enemigo de la felicidad. Tampoco producen aburrimiento, porque la felicidad nunca harta cuando es, de verdad, felicidad. Para ser feliz no has de hacer nada, ni conseguir nada, sino deshacerte de falsas ideas, ilusiones y fantasías que no te dejan ver la realidad.
¿Pensamientos?
Mira dentro de ti, entiende que existe un generoso reino de felicidad autosuficiente. Tú no lo habías encontrado antes dentro de ti, porque tu atención estaba volcada hacia las cosas en que crees, o hacia tus ilusiones con respecto al mundo.
Necesidades emocionales para conseguir la felicidad en el exterior, no hay ninguna; puesto que tú eres el amor y la felicidad en ti mismo. Sólo mostrando ese amor y gozándote en él vas a ser realmente feliz, sin agarraderas ni deseos, puesto que tienes en ti todos los elementos para ser feliz.
Pon tu felicidad en la vida y te darás cuenta de que, cuando quedas libre, es cuando eres capaz de amar. Alimenta este valiente sentimiento. Tú alcanzaste la felicidad.

¿Consigues sentirla?
"La felicidad no está en lo que yo poseo sino en lo que soy". Tu yo es el que necesita ser. ¿Puedes verlo? Esta es la fe verdadera.
La felicidad no tiene contrapuesto porque nunca se pierde. Puede estar oscurecida, pero nunca se va porque tú eres felicidad. Si deseamos ser felices, podemos serlo inmediatamente, porque la felicidad está en el momento presente. Aun así, si deseamos ser más felices de lo que somos, o más felices que los otros, tenemos los atributos de una persona infeliz, porque las felicidades no se pueden comparar. Ese tipo de deseo es insaciable. Podemos ser tan felices como lo somos, y no podemos nunca medir cuán felices son los otros.
Abrir bien los ojos para ver que la infelicidad no viene de la realidad, sino de los deseos y de las ideas equivocadas. Para ser feliz no has de hacer nada, ni conseguir nada, sino deshacerte de falsas ideas, ilusiones y fantasías que no te dejan ver la realidad.
La felicidad no tiene causa. Cuando nada pueda herirte, ninguna persona, ningún acontecimiento, nada, entonces serás feliz.

¿Qué hacer para ser feliz?
¡Nada! No se hace nada. Es necesario desprenderse de las cosas. De la ilusión. De las ideas erróneas.
Nuestra felicidad o infelicidad dependen más de la manera por la cual percibimos y nos enfrentamos con los acontecimientos, que de la propia naturaleza de éstos. Si no te está gustando tu vida, hay algo radicalmente erróneo en ti.
Todos somos necesarios. El valor para tener en cuenta es ser feliz y buscar tu sitio en la vida. Tú ya eres felicidad, eres la felicidad y el amor, pero no lo ves porque estás dormido.

¿Ejercicios?
Intenta decir: "¡Qué suerte tengo! ¡Qué agradecido estoy!" ¿Sabes una cosa? Es imposible estar agradecido y no ser feliz.
Piensa en los acontecimientos del pasado, agradables o no. Y di: "¡Me hicieron bien, fueron buenos!" Piensa en las cosas que te pasan y di: "Está bien, está bien..." Piensa en el futuro y di: "Será bueno, será bueno..." Y ve lo que acontecerá. La fe se transformará en alegría. La fe de que todo está en las manos de Dios y de que todo redundará en felicidad para nosotros.

Reflexiones ?
¿Todas las barreras que nos impiden alcanzar la felicidad son autoimpuestas. ¿Cuáles son las tuyas?
Recuerda, reflexiona y escribe tus conclusiones: ¿Quién te enseñó a expresarte, a vivir libre y feliz? Por otro lado, ¿quién te enseñó que el camino hacia la felicidad era ser aprobado y aceptado por la sociedad?

sábado, 2 de abril de 2011

En la busqueda de la Plenitud

La Adicción y la Búsqueda de la Plenitud

¿Por qué nos volveríamos adictos a otra persona? La razón por la que la relación de amor romántico es una experiencia tan intensa y universalmente perseguida es que parece ofrecer la liberación de un estado profundamente arraigado de miedo, necesidad, carencia y falta de plenitud que es parte de la condición humana en su estado no redimido o no iluminado. Hay una dimensión física y otra psicológica en este estado.
En el nivel físico, usted obviamente no está completo, ni lo estará nunca: es un hombre o una mujer, es decir, la mitad del todo. En este nivel, la añoranza de la plenitud -el retorno a la unidad- se manifiesta como una atracción entre el macho y la hembra, la necesidad del hombre de una mujer, la necesidad de la mujer de un hombre. Es un impulso casi irresistible de unión con la polaridad de energía contraria. La raíz de este impulso es espiritual: la añoranza del fin de la dualidad, un retorno al estado de plenitud. La unión sexual es lo más cerca que usted puede estar de este estado en el plano físico. Por eso es la experiencia más profundamente satisfactoria que puede ofrecer el reino físico. Pero la unión sexual no es más que un atisbo fugaz de la plenitud, un instante de bienaventuranza. Mientras se busque inconscientemente como un medio de salvación, usted está buscando el fin de la dualidad en el nivel de la forma, donde no puede encontrarse. Usted recibe un atisbo tantálico del cielo, pero no se le permite habitar allí y se encuentra a sí mismo de nuevo en un cuerpo separado.
En el nivel psicológico, la sensación de carencia y de falta de plenitud es, acaso, aún mayor que en el nivel físico. Mientras esté identificado con la mente, usted tiene un sentido de sí mismo derivado del exterior. Es decir, usted obtiene el sentido de quién es de cosas que, en últimas, no tienen nada que ver con quién usted es realmente: su papel social, las posesiones, la apariencia externa, los éxitos y fracasos, los sistemas de creencias, etc.
Este ser falso, elaborado por la mente, el ego, se siente vulnerable, inseguro y siempre está buscando cosas nuevas con las cuales identificarse para que le den una sensación de que existe. Pero nunca nada es suficiente para darle una realización duradera. Su miedo y su sentido de carencia y necesidad permanecen.
Pero entonces llega esta relación especial. Parece ser la respuesta a todos los problemas del ego y llenar todas sus necesidades. Al menos así parece al principio. Todas las demás cosas de las que usted derivaba su sentido de sí mismo antes, ahora se vuelven relativamente insignificantes. Usted tiene ahora un solo punto focal que las reemplaza a todas, da sentido a su vida, y a través del cual usted define su identidad: la persona de la que está «enamorado». Ya no es un fragmento desconectado en un universo carente de afecto, o eso parece. Su mundo ahora tiene un centro: el amado. El hecho de que el centro esté fuera de usted y que, por lo tanto, usted todavía tenga un sentido de sí mismo derivado del exterior, no parece importar al principio. Lo que importa es que los sentimientos subyacentes de no plenitud, miedo, carencia y falta de realización, tan característicos del estado egotista, ya no están ahí. ¿O sí? ¿Se han disuelto o continúan existiendo bajo la feliz realidad superficial?
Si en sus relaciones usted experimenta «amor» y su contrario -ataque, violencia emocional, etcétera- es probable que esté confundiendo el apego del ego y la dependencia adictiva con el amor. Usted no puede amar a su pareja un momento y atacarla al siguiente.
El verdadero amor no tiene contrario. Si su «amor» tiene un contrario, entonces no es amor sino una fuerte necesidad del ego de un sentido más profundo y completo de sí mismo, una necesidad que la otra persona llena temporalmente. Es el sustituto del ego para la salvación y, por un corto tiempo, casi se siente como la salvación.
Pero llega un punto en el que su pareja actúa de forma que deja de llenar sus necesidades, o más bien las de su ego. Los sentimientos de temor, dolor y carencia, que son una parte intrínseca de la conciencia egotista pero que habían sido ocultados por la «relación amorosa», ahora salen a la superficie. Igual que con cualquier otra adicción, usted está en un punto alto cuando la droga está disponible, pero invariablemente llega un momento en que la droga ya no le hace efecto. Cuando vuelven a aparecer esos sentimientos dolorosos, usted los siente incluso con más fuerza que antes, más aún, ahora percibe a su pareja como la causa de esos sentimientos. Esto quiere decir que los proyecta hacia afuera y ataca al otro con toda la violencia salvaje que es parte de su dolor. Este ataque puede despertar el dolor de la pareja y ésta puede contraatacarlo. En ese punto el ego todavía espera inconscientemente que su ataque o sus intentos de manipulación sean suficiente castigo para inducir a su pareja a cambiar su conducta, de modo que pueda usarla de nuevo como protección de su dolor.
Toda adicción surge de una negativa inconsciente a enfrentar el dolor y salir de él. Toda adicción comienza con dolor y termina con dolor. No importa a qué sustancia sea usted adicto -alcohol, comida, drogas legales o ilegales, o una persona- usted está usando algo o a alguien para ocultar su dolor. Por eso, después de que la euforia inicial ha pasado, hay tanta infelicidad, tanto dolor en las relaciones íntimas. Ellas no producen dolor o infelicidad, simplemente sacan a la luz el dolor y la infelicidad que ya hay en usted. Toda adicción hace eso. Toda adicción llega a un punto en el que ya no funciona para usted y entonces usted siente el dolor más intensamente que nunca.
Esa es una de las razones por las que la mayoría de las personas están siempre intentando escapar del momento presente y buscando algún tipo de salvación en el futuro. Lo primero que podrían encontrar si enfocaran su atención en el Ahora es su propio dolor y eso es lo que temen. Si supieran lo fácil que es acceder en el Ahora al Poder de la Presencia que disuelve el pasado y el dolor, a la Realidad que disuelve la ilusión. Si sólo supieran cuán cerca están de su realidad.
Evadir las relaciones en un intento por evitar el dolor no es la solución tampoco. El dolor está ahí de todos modos. Es más probable que tres relaciones fallidas en tres años lo obliguen a despertar, y no tres años en una isla desierta o aislado en su habitación. Pero si pudiera traer intensa presencia a su soledad, eso también funcionaría para usted.