jueves, 29 de diciembre de 2011

FELIZ 2013




Dicen que uno nunca camina solo ni cuando esta solo. Se dice también que antes de venir a esta tierra, firmamos un contrato con todos aquellos con los que vamos a aprender algo.
Un único y sagrado deber tenemos y es la suprema reverencia, y esa reverencia  es la felicidad plena, para eso nos han diseñado, esa es nuestra condición natural. Tenemos una preciosa oportunidad para crecer, pues en ese acrecentamiento transparente retornaremos a la fuente, solo se trata de jugar, jugar sin pretender ganar ni temer a la derrota, es como avanzamos por el sendero sagrado, solo vinimos a jugar, solo estábamos jugando.
La caminata se convertirá en danza, cuando tu instante se inunde de música y la búsqueda sea una danza, el camino de la luz habremos encontrado y otra vez seremos uno.
Nos hacemos mas humilde a medida que pasa el tiempo y las metas en la vida se transforman, hay que animarse a ser, compartir con cada uno de corazón, brindando todo lo que podemos y siendo sinceros.
Descubrí que la clave esta en observar sin juzgar, en entender que todos somos lo mismo y todos tenemos el mismo miedo a que nos conozcan.
Por cada paso que doy se que ustedes también lo están dando, se que cada uno esta disfrutando y creciendo y evolucionando en esta vida.
Por eso este cierre de año es solo un comienzo.

Mis deseos para todos es que encontremos el amor (no esta tan lejos) en los momentos simples.

Que vivamos la felicidad y la compartamos.
Que pintemos el mundo donde nos gustaría vivir (no es imposible si todos lo hacemos juntos).
Que nos emocionemos mas seguido ....
Que nos animemos a dar un abrazo
Que compartamos los mundos de cada uno (que en el fondo son muy parecidos).
Que nos arriesguemos a parecer locos por amor, por nuestros sueños, por la aventura de estar vivos.
Que nos animemos a  danzar desenfrenadamente y permitir que el éxtasis nos inunde hasta la punta de los dedos, si que nos adviertan que debemos  cuidarnos, que seamos realistas o de recordar las limitaciones de ser humanos.
Que no nos importe si desilusionamos a otro  por ser veraz con  nosotros mismos o  poder soportar que nos acusen de traición sin traicionar nuestra propia alma.
Que veamos la belleza aun en aquellos días en que parece ausente y poder ver  la presencia de Dios, la fuente de vida.
Poder vivir con un fracaso y aún así pararnos y con un grito enorme  decirle  a la luna llena ¡¡SI!!
Que podamos estar solos con nosotros mismos y disfrutar de nuestra propia compañía aún en los momentos vacíos.
Que amemos, por que querer es humano y amar el divino.

El mayor error humano es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón...
La felicidad es un trayecto no un destino y debemos transitarlo amando como si nunca nos hubieran herido.
No hay mejor momento para ser feliz que ahora mismo, si no es ahora cuando? la vida siempre estará llena de luegos y de después, no hay después, ni un camino para la felicidad, la felicidad es el camino y es ahora.
Que queden atrás los problemas y las preocupaciones, convertidos en sagrados desafíos o valiosas enseñanzas. Que queden atrás los temores y los autoengaños, la opinión de los demás ; para dar paso al humor, para encarnar el amor, para aprender y reencontrarnos en el mismo bosque.
Susurrémosle a la vida ¨ Te amo y prometo serte fiel ¨
Si algún día me cruce en tu vida y vos en la mía y desde ese momento ya ninguno volvió a ser el mismo es que estas palabras son para vos.

GRACIAS y Feliz  Año Nuevo  !!!!!

sábado, 26 de noviembre de 2011

La llave de las Emociones

“Nadie tiene el permiso de hacerme sentir mal sin mi permiso”.
Esta frase de la sabiduría popular envuelve una grandísima verdad, veo diariamente personas que se molestan unas con las otras por las cosas que se dicen o hacen; por una mirada, por una actitud hiriente o por palabras ofensivas, etcétera. Más allá de la cotidianidad que estas actitudes conllevan, siempre encontramos personas que en alguna medida valoran demasiado lo que los demás les hacen o dicen. A veces me ocurre. Cierta mañana una persona en mi entorno laboral se burlaba de una forma inocente de mi desayuno. Sin darme cuenta reaccioné a la defensiva y le di alguna explicación sobre ello. Después de unos minutos llegué a la conclusión que le estaba dando más valor del que realmente se merecía, de hecho ni siquiera se merecía una explicación de mi parte. Muchas personas pasamos por ese ciclo todos los días. Gran parte de nuestra energía vital diaria acaba en reaccionar ante lo que los demás nos emiten como pensamientos o acciones mal intencionadas.
Está en nosotros reaccionar de igual forma: infantilmente o con madurez, tú tienes la llave de tus emociones, eres el que decide cómo quieres sentirte. Puedes elegir terminar enfadado por una que no sabe conducirse como es debido, o al contrario concluyes riéndote de lo infantil que somos los seres humanos aún cuando ya somos adultos y se supone que deberíamos poder comportarnos de una forma razonable.
Nadie puede hacerte sentir mal ni mucho menos ofenderte, el que se ofende de lo que otros te dicen o hacen eres tú, si al contrario pones la perspectiva correcta y entiendes que no siempre los demás actuarán de forma razonable o con educación, hasta entonces empezarás a entender la verdad más profunda del dicho popular con que inicié este artículo, nadie tiene tu permiso para hacerte pasar un mal momento, nadie puede entrar en tu corazón y decirte “te obligo a que te sientas mal”, simplemente reaccionamos como me pasó a mí esa mañana.
Pero, después de unos minutos pensé en esa frase tan sabia, nadie puede obligarte a sentir algo que simplemente no es beneficioso para tu espíritu; vivir en paz no es fácil en un mundo lleno de personas violentas o malintencionadas, pero tampoco te pueden obligar a ser como otros quieren que seas.
Si decides ser un alma que se mueve en paz de acuerdo a una verdad de tranquilidad interior no habrá persona alguna que pueda sacarte de ese estado de pensamiento. Muchas personas han caminado en este mundo; han pensado, actuado de esa forma y logrado salir adelante ante situaciones duras y difíciles. Así que no decaigas.
Te invito a que lo intentes, piensas cuando alguien te ataque o te muestre animosidad o adversidad que esta persona está emitiendo energía negativa, pero que está en tus manos recibirla o simplemente dejarla correr, nadie puede obligarte a sentirte mal, eres tú al final el que decidirá cómo sentirte; la llave de tus emociones siempre ha estado y estará en ti, así que úsala con discreción y sabiduría.

martes, 22 de noviembre de 2011

Espejos

Todos somos extensiones del campo universal de energía, distintos puntos de vista de una única entidad. Esto implica ver todas las cosas del mundo, a todas las personas del mundo, y darnos cuenta de que estamos mirando otra versión de nosotros mismos. Tú y yo somos lo mismo. Todo es lo mismo. Todos somos espejos de los demás y debemos aprender a vernos en el reflejo de las demás personas. A esto se llama espejo de las relaciones. A través del espejo de una relación, descubro mi yo no circunscrito. Por esta razón, el desarrollo de las relaciones es la actividad más importante de mi vida. Todo lo que veo a mi alrededor es una expresión de mí mismo.
Las relaciones son una herramienta para la evolución espiritual cuya meta última es la unidad en la conciencia. Todos somos inevitablemente parte de la misma conciencia universal, pero los verdaderos avances tienen lugar cuando empezamos a reconocer esa conexión en nuestra vida cotidiana.
Las relaciones son una de las maneras más efectivas para alcanzar la unidad en la conciencia, porque siempre estamos envueltos en relaciones. Piensa en la red de relaciones que mantienes: padres, hijos, amigos, compañeros de trabajo, relaciones amorosas. Todas son, en esencia, experiencias espirituales. Cuando estás enamorado, romántica y profundamente enamorado, tienes una sensación de intemporalidad. En ese momento, estás en paz con la incertidumbre. Te sientes de maravilla, pero vulnerable; sientes cercanía pero también desprotección. Estás transformándote, cambiando, pero sin miedo. Te sientes maravillado. Ésa es una experiencia espiritual.
A través del espejo de las relaciones, de cada una de ellas, descubrimos estados prolongados de conciencia. Tanto aquellos a quienes amamos como aquellos por quienes sentimos rechazo, son espejos de nosotros. ¿Hacia quiénes nos sentimos atraídos? Hacia las personas que tienen características similares a las nuestras, pero eso no es todo. Queremos estar en su compañía porque subconscientemente sentimos que al hacerlo, nosotros podemos manifestar más de esas características. Del mismo modo, sentimos rechazo hacia las personas que nos reflejan las características que negamos en nosotros. Si sientes una fuerte reacción negativa hacia alguien, puedes estar seguro de que tú y esa persona tienen características en común, características que no estás dispuesto a aceptar. Si las aceptaras, no te molestarían.
Cuando reconocemos que podemos vernos en los demás, cada relación se convierte en una herramienta para evolución de nuestra conciencia. Gracias a esta evolución experimentamos estados extendidos de conciencia.
La próxima vez que te sientas atraído por alguien, pregúntate qué te atrajo. ¿Su belleza, gracia, elegancia, autoridad, poder o inteligencia? Cualquier cosa que haya sido, sé consciente de que esa característica también florece en ti. Si prestas atención a esos sentimientos podrás iniciar el proceso de convertirte en ti más plenamente.
Lo mismo se aplica a las personas hacia las que sientes rechazo. Al adoptar más plenamente tu verdadero yo, debes comprender y aceptar tus características menos atractivas. La naturaleza esencial del Universo es la coexistencia de valores opuestos. No puedes ser valeroso si no tienes a un cobarde en tu interior; no puedes ser generoso si no tienes a un tacaño; no puedes ser virtuoso si no tienes la capacidad para actuar con maldad.
Gastamos gran parte de nuestras vidas negando este lado oscuro y terminamos proyectando esas características oscuras en quienes nos rodean. ¿Has conocido personas que atraigan sistemáticamente a su vida a los sujetos equivocados? Normalmente, aquéllas no comprenden por qué les sucede esto una y otra vez, año tras año. No es que atraigan esa oscuridad; es que no están dispuestas a aprobarlas en sus propias vidas. Un encuentro con una persona que no te agrada es una oportunidad para aceptar la paradoja de la coexistencia de los opuestos; de descubrir una nueva faceta de ti. Es otro paso a favor del desarrollo de tu ser espiritual. Las personas más esclarecidas del mundo aceptan todo su potencial de luz y oscuridad. Cuando estás con alguien que reconoce y aprueba sus rasgos negativos, nunca te sientes juzgado. Esto sólo ocurre cuando las personas ven el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, como características externas.
Cuando estamos dispuestos a aceptar los lados luminoso y oscuro de nuestro ser, podemos empezar a curarnos y a curar nuestras relaciones. Todos somos multidimensionales, omnidimensionales. Todo lo que existe en algún lugar del mundo también existe en nosotros. Cuando aceptamos esos distintos aspectos de nuestro ser, reconocemos nuestra conexión con la conciencia universal y expandimos nuestra conciencia personal.
Las características que distinguimos más claramente en los demás están presentes en nosotros. Cuando seamos capaces de ver en el espejo de las relaciones, podremos empezar a ver nuestro ser completo. Para esto es necesario estar en paz con nuestra ambigüedad, aceptar todos los aspectos de nosotros. Necesitamos reconocer, en un nivel profundo, que tener características negativas no significa que seamos imperfectos. Nadie tiene exclusivamente características positivas. La presencia de características negativas sólo significa que estamos completos; gracias a esa totalidad, podemos acceder más fácilmente a nuestro ser universal, no circunscrito.
Una vez que puedas verte en los demás, será mucho más fácil establecer contacto con ellos y, a través de esa conexión, descubrir la conciencia de la unidad. Éste es el poder del espejo de las relaciones.

Más de Deepak Chopra en: http://deepakchopra.com y en http://www.chopra.com

domingo, 13 de noviembre de 2011

Una Oportunidad Disfrazada

En vez de culpar a otros, debemos reconocer que las dificultades por las que pasamos son el reflejo de nuestra problemática interior. Sabiendo esto, seremos capaces de manejar los problemas desde su raíz, concentrándonos en la causa más que en el efecto.
- Lawrence Williams, Guía Práctica
Repetir una afirmación es dirigir la mente a ese estado de consciencia donde se acepta lo que se desea creer.
- Ernest Holmes, La Ciencia de la Mente
¿Hay alguna persona en tu vida que crees que no puedes soportar un minuto más? ¿Los problemas de tu vida parecen enloquecerte últimamente? ¡Alégrate! Estás a punto de subir un peldaño más en tu crecimiento espiritual!
Esa persona, o ese problema tan difícil no es otra cosa que un escalón que debemos superar. Cuando algo nos molesta tanto, es una señal de que aún creemos que somos mejores que los demás o que hemos olvidado que "la forma de ver el problema, es el problema." Cuando esto me pasa, trato de descubrir en qué forma he contribuido a ello, y de encontrar "el regalo" en la situación. Me asiste recordar el viejo adagio "no hay mal que por bien no venga".
Es buena idea comenzar aceptando el hecho de que estamos irritados. Algunas veces tenemos estas absurdas ideas de que no es espiritual irritarse o enojarse. Todo lo contrario, si permanecemos conscientes y aprovechamos esta oportunidad para conocernos mejor, estos sentimientos funcionarán como catalizadores que nos permitirán transformarnos y crecer. Casi siempre, al tratar con esa persona que nos irrita, o al enfrentar ese problema que nos enloquece, hay un aspecto de nuestra personalidad que no queremos reconocer.
Es bueno tomar esa oportunidad para conocernos mejor, y para analizar aquellos valores nuestros que se sienten amenazados por lo que nos está molestando. Si llegamos a entendernos mejor podremos aceptarnos y aceptar a otros más fácilmente. Recordemos que aceptar a alguien, o algo que nos molesta no significa que estemos de acuerdo con la persona o la acción, sino que ver la divinidad en la persona detrás de su máscara humana. En cuanto a los problemas de la vida, veámoslos simplemente como oportunidades disfrazadas, e invoquemos la Sabiduría Divina para que nos indique el camino a seguir.

Cambiar el Patrón Mental

Siempre que quieras cambiar un patrón de la mente que se ha convertido en un hábito duradero, la respiración es lo mejor. Todos los hábitos mentales están asociados con el patrón de respiración. Cambia el patrón de respiración y la mente cambiará inmediatamente, instantáneamente. ¡Inténtalo!
Siempre que observes que esté surgiendo en ti un juicio y que estés cayendo en un viejo hábito, exhala inmediatamente, como si estuvieras tirando el juicio con la exhalación. Exhala profundamente, jalando el estómago y, conforme sacas el aire, siente o visualiza cómo todo el juicio está siendo expelido.
Después inhala profundamente dos o tres veces. Simplemente ve qué pasa. Sentirás una frescura completa; el viejo hábito no habrá logrado tomar posesión. Comienza con la exhalación, no con la inhalación. Cuando quieras absorber algo, empieza con la inhalación; cuando quieras deshacerte de algo, comienza con la exhalación. Sólo mira la manera inmediata en que es afectada la mente. Inmediatamente verás que ésta se ha movido a otro lugar; ha llegado una nueva brisa. No te encuentras en la vieja rutina así que no repetirás el viejo hábito.
Esto sucede con todos los hábitos. Por ejemplo, si fumas y sientes la necesidad de fumar pero no quieres, inmediatamente exhala profundamente y expele la necesidad. Respira profundamente y verás que la necesidad ha desaparecido de manera inmediata. Esta puede convertirse en una herramienta sumamente importante para el cambio interno.

sábado, 8 de octubre de 2011

El hombre .. ideal?

En algun nivel de conciencia, existe una forma de comunicación que no conocemos y que no es con la palabra. De algun modo parece que estamos comunicados, y que esa comunicación no es al nivel del lenguaje hablado.
Nuestra mente esta registrando siempre todo lo que hay en nuestras vidas. En ese nivel de conciencia que realmente no se cómo funciona, parece que uno le dice a ese muchachito que recién conocer, por ejemplo: “Fulanito, querrias entrar en mi realidad, tratandome mal?, me llamo Lorena, mucho gusto, encantada"
Si Fulanito tiene un carácter divino, y no es éso lo que vino a aprender a este mundo, en ese nivel desconocido para nuestra consciencia, contestarà: “mira, lorena, yo soy mas bien dulce, no me da para maltratar a alguien”.
El inconsciente de ella recibe esa respuesta, y su mente consciente reconoce que la verdad... Fulanito es muy dulce, pero con él no tiene "piel". Así que lo deja.
Pero luego Lorena conoce a Menganito, y siempre en ese nivel de comunicación inconsciente, ella le dice : “Menganito, podrias entrar en mi realidad, tratandome mal? Porque yo soy adicta a sentir temor, así que preciso alguien que me haga sentir temor”
Y Menganito, que es un poco violento, que aún no le pegó a una mujer pero tiene muy mal carácter, y que vió cómo en su casa, de niño, el papá le pegaba a la mamá, contesta: “dale, yo puedo!!! Yo sí, como no!!"
En ese momento, Lorena siente que ha encontrado al hombre de su vida. Y aunque Menganito tiene una veta cruel... No puede vivir sin él. Decide que con él sí llegará al casamiento! Encontró al hombre ideal!!!!!!
Eso era el hombre ideal. Está decidido por nuestro inconsciente, que se basa en nuestras adicciones emocionales, en lo que aprendimos de niños que era el amor, en lo que decidió vivir y en lo que vino a aprender a este mundo.

El hombre ideal es en verdad el más parecido a mi papá, o a mi mamá, o a aquellas figuras importantes de la infancia, aquellas que me mostraron cómo era el amor de pareja. El hombre ideal es el que da con el "Physique du rol" para desempeñar el papel que yo misma le doy, en el guión que escribo para representar mi vida. El hombre ideal es aquel que puede hacerme sentir aquello que ya soy adicta a sentir... Sea angustia, temor, tristeza... O en el mejor de los casos, amor y compañerismo.

Qué loco, no?

martes, 6 de septiembre de 2011

Una Gota más

Unas tras otras, las gotas van cayendo. Nada parece transformarse. El goteo es casi imperceptible. El cansancio y la desolación dicen presente. El paisaje desértico de esperanzas crea la falsa ilusión de que nada va a cambiar. El vacío interior se agiganta. Las gotas siguen cayendo. Expanden su vibración. La mente sostiene que todo está perdido. El corazón no se deja engañar, escucha cómo las gotas continúan brotando y ríe de felicidad. Su sabiduría le anuncia que el río está emergiendo. Libere sus compuertas. Ayude a que el agua corra. Sume para que el río de la conciencia espiritual irrumpa y limpie el valle de lágrimas que embarra nuestros pies.
Las gotas son todas aquellas cosas que nos ayudan a ser más humanos y nos permiten armonizar con la existencia. Los buenos actos son gotas. Las caricias son gotas. Los pensamientos positivos son gotas. Los abrazos, las palabras de aliento, los rostros felices... Gotas... Las acciones con conciencia, las oraciones, las meditaciones, la ayuda desinteresada, los gestos de sensibilidad... Gotas... El saber compartir, aprender a valorar, el respeto por uno mismo.... Gotas... La fe, la humildad, la confianza, la esperanza, el amor... Gotas... Todas son gotas que reflejan una nueva humanidad. Son gotas que acrecientan y vivifican el río de la conciencia espiritual que está transformando la vibración del planeta.
El futuro nace del presente. Nuestras decisiones de hoy co-crean nuestro mañana. Si en nuestra cotidianidad sólo sembramos discordia, odio, pesimismo, sufrimiento y frustración, ¿qué cree que cosecharemos? Sus gotas, aunque parezcan simples, aunque las perciba insignificantes o débiles, hacen la diferencia. Son como semillas crísticas que aportan transformación. Irradia luz. Ayudan a que el futuro no se manifieste de manera desalmada.
Fluir con esta corriente, que conduce al océano de la existencia, entraña desafíos que nos permiten crecer y nos impulsan a continuar evolucionando. Implica aventurarse en terrenos desconocidos. El río nos invita a desaprender para seguir aprendiendo, porque sólo lo que se vacía puede volver a llenarse. Sus piedras no son dificultades, sino oportunidades disfrazadas que nos ayudan a elevar.
¿Comprende lo que le estoy diciendo, o simplemente piensa que se trata de palabras armónicamente entrelazadas para que puedan sonar bien? Sepa que las casualidades no existen. Si usted está leyendo esta nota es porque su espíritu necesitaba recordar.
No permita que estas frases queden sólo en el plano mental. Tírese al agua. Arriésguese. Cuando se sumerja en este río de conciencia verá cómo las vivencias se transforman en maestras multidimensionales que le ayudarán a experimentar una realidad que transformará su vida.
Existen innumerables formas de contribuir a que este incipiente caudal se torne aún más cristalino. Si nos animamos a reconocer nuestro lado más oscuro, si trascendemos nuestras limitaciones y transmutamos los miedos que nos mantienen cautivos, ya estamos ayudando. Lo mismo si ponemos conciencia en cada uno de nuestros actos y desplegamos, sin reservas, nuestro potencial para materializar una realidad que esté acorde con lo más puro de nuestro ser.
¿Por qué se preocupa tanto? Haga lo que haga, los demás siempre hablarán. Recuerde que a este mundo vino solo y se irá del mismo modo. Absolutamente solo. Rompa la careta social, tírela. Deje que su ser interno lo guíe y lo instruya. Escuche la voz que emana desde el centro de su pecho. Siga sus consejos, son inmaculados. No importa que algunas personas se le rían en la cara y lo desacrediten. Muchos disfrazan de ese modo el temor que les provoca el cambio. No saben lo que hacen. El tiempo les mostrará quién terminó riendo último.
Vamos... Anímese. Juegue. Suéltese. Disfrute. Recupere su inocencia. Mire a la vida con ojos nuevos. Explore su interior. Conózcase. Restablezca su vínculo con la naturaleza. Aliviane su mochila. Expanda su divinidad. Despierte. Redescubra su magia interna. Equilíbrese. Ayúdese a cambiar. Permítase soñar. Sáquele el polvo a sus talentos. Multiplique sus dones. Respete su sentir. Empiece a sanar. Viva.
No se distraiga. Preste atención. Sienta cómo el río de la conciencia late con cada pensamiento de luz que recorre su cuerpo. El agua renueva y purifica. Inhale su perfume, es pulsión de vida. Observe con el corazón y comprobará que no existen las divisiones. El río se compone de millones y millones de gotas que danzan en la unidad, más allá de todo ego.
Transforme su desierto. No deje que sus gotas se esfumen bajo el sol abrasador de la indiferencia y el desgano. Viértalas en el río de la existencia. Cierre sus ojos y facilite que el murmullo de las aguas guíe sus pasos. Descubra que nunca puede encontrar afuera lo siempre estuvo dentro. Sí, ya lo sabía, es cierto. Simplemente lo había olvidado. El río está en su interior.
Permita que el agua corra. Derrumbe sus compuertas. No tema. Abra su corazón de par en par. Deje que el agua penetre y lave sus heridas. Renazca. La existencia, agradecida: una gota más.

lunes, 22 de agosto de 2011

La abundancia es una ley del universo


Los hechos atroces despiertan la conciencia acerca del mundo en que vivimos y hacen que nos preguntemos: ¿qué les pasa a los que se atreven a las masacres, a los atentados, a las guerras?
Nuestras peleas cotidianas, en las relaciones familiares, en los medios laborales o en los colegios, se nos antojan tan lejanas, tan distintas de esos crímenes, que nos parece que entre ellos y nosotros hay un gran abismo. No parecemos de la misma especie, de la misma tradición cultural.
Sin embargo, aunque así parece, es probable que todos estemos en el mismo barco. Todo el que participa en una pelea familiar o internacional, todo aquel que elige un adversario momentáneo o vitalicio, se prepara para la confrontación y pone en escena un libreto conocido.
Este guión, al igual que una receta de cocina, paso a paso, va creando el escenario de una lucha que define quién será el ganador, y quién el perdedor. Y, como en toda receta, los ingredientes se van mezclando en el tiempo y poco a poco van produciendo el resultado.
El ingrediente básico para poder preparar una confrontación de poder, ya sea en una familia o en una nación, es el convencimiento de que vivimos en un mundo difícil donde todo es escaso: el amor, el dinero, las oportunidades, la tierra, el aire, el agua. Todo se agota.
El segundo ingrediente surge cuando el otro hace algo amenazante o inaceptable: intenta arrebatar los afectos de otra persona, el respeto, la autoestima, el dinero, la autoridad, el poder, el prestigio o la vida misma.
Es necesaria, sin embargo, la aparición un tercer ingrediente: la certeza de que no se puede permitir que alguien se apodere de un bien, material o espiritual, que considero mío. Eso nos coloca en posición de lucha. La creencia es que, si lo permitiera, me convertiría en alguien sin dignidad. Y si, adicionalmente, el bien es escaso, con mayor razón habrá que ir hasta las últimas consecuencias.
Obviamente si notáramos o confiáramos en que el universo es abundante, no creeríamos necesario pelear. Y es esta la ceguera que explica la aparición del cuarto elemento.
Es imperativo para que la batalla ocurra que se piense que sin lugar a dudas, tengo derecho de pelear, de buscar una reparación o una compensación, utilizando estrategias que se van desde molestar, vengarme, regañar, abandonar, humillar, encarcelar o pegar, hasta matar.
Verifiquemos los elementos de la receta básica: La vida difícil, el mundo escaso, la ofensa y el derecho a la reparación a través de una confrontación que defina el poder.
El resultado es predecible: la pelea familiar, la pelea callejera, la querella, el proceso legal con árbitros del sistema judicial, el conflicto bélico al interior de una nación o una guerra mundial. Todo tiene el mismo origen. Todo está manejado por los seres humanos que creen en la escasez.
La consecuencia es un mundo en guerra, con sus correspondientes vencedores y vencidos: Padres, hijos o hermanos de una misma familia, cónyuges, nacionales de diferentes zonas del mismo país, habitantes de un sitio u otro del mismo planeta.
En la consulta alguien me decía: “Estoy cansado, no entiendo qué nos pasa, es que acaso no podemos vivir en armonía?” -y agregaba, con dolor- “¿Por qué pedimos sangre?” Y yo recordaba ritos de culturas precolombinas en las que las deudas se pagan en sangre. Cruzó por mi mente la escena en la que los soldados de la época de la conquista matan aztecas al pie de la pirámide del Sol, porque asisten a un ritual en el que el sacerdote, en la cúspide, realiza un sacrificio humano; para el azteca sagrado, para los conquistadores un sacrilegio inaceptable.
Qué paradoja, matamos porque otro mata, regañamos porque otro regaña, gritamos porque otro grita, robamos porque otro roba.
Pero, ¿será verdad lo del mundo escaso? No hay duda de que hemos construido una cultura, una manera de vivir en la que hemos convertido en escasos los bienes materiales y el amor, en fin, todo lo que puede ser abundante.
Y, ¿cómo podemos pensar que los bienes materiales son escasos? Pues inventándonos sistemas sociales en los que solo unos poseen o controlan, para sí mismos, los recursos que servirían al bienestar de la mayoría. Así que vivimos tratando de poseer, para no ser desposeídos. La desconfianza entonces, se instala como el sentimiento básico de las relaciones sociales y el dicho popular “piensa mal y acertarás”, lo ratifica.
Pero, ¿cómo puede ser que el amor también sea escaso? Sabemos que sentirnos amados, reconocidos, es una condición fundamental para que estemos tranquilos y seamos creativos. Y justamente desarrollamos ideas que nos asustan y nos llevan a creer que el mundo de las relaciones afectivas es hostil. Por ejemplo afirmamos que solo una madre puede querer incondicionalmente, pero solo a sus propios hijos.
O también suponemos que solo hay una persona en todo el mundo que puede ser mi media naranja, de manera tal que si alguien cree que la encontró no la puede perder, es un bien único. Así concluimos que estamos muy solos, que el soporte afectivo es insuficiente.
En estos escenarios cuando todo nos amenaza, cuando podemos perder el amor, la tranquilidad, los bienes, todos somos capaces de convertirnos en protagonistas de una pelea familiar o de una gran guerra en la que se extermine al otro que amenaza. Qué maravilloso olvidarnos de la receta e inventarnos otra que más bien nos permita creer y notar que la abundancia es una ley en el universo, que la pelea por la supuesta escasez de los bienes es solo una historia cultural, un cuento de la ceguera.

viernes, 3 de junio de 2011

La Ley de la correspondencia

En tiempos de Abraham el maestro Hermes Trismegisto aseguraba que toda la información sobre un hombre se podía encontrar en solo una gota de su sangre y que dentro de cada hombre se hallaba representada la totalidad del universo. Formuló entonces un principio al que llamó La Ley de la Correspondencia que decía:“Como es arriba es abajo, y como es abajo es arriba”. Con estas palabras creó Hermes un método deductivo que permitió vislumbrar la grandeza del universo creado, donde lo más grande de lo más grande es igual a lo más pequeño de lo más pequeño. Donde todos los niveles de existencia comparten la misma esencia, organizados en un sistema de hologramas dentro de hologramas, dentro de hologramas, hasta el infinito.

Por eso desde ese entonces para los más sabios existía ya la convicción de que el camino más corto para la exploración del cosmos era mediante el viaje hacia el interior del hombre: “Conócete a ti mismo y conocerás el universo”. Según la publicación “El Tao de la Física” del científico Frityof Capra: con la meditación como único método de investigación, los antiguos Vedas llegaron a formular, en términos poéticos, los principios de la Física Cuántica. Y esto ocurrió tres mil años antes que nuestros científicos modernos llegaran a las mismas conclusiones por medio de las matemáticas.
La Ley de la Correspondencia tiene aplicaciones sin fin. Por ejemplo: considerando en un hombre el cuerpo físico como el “abajo” y su mente como el “arriba” decimos: “como es el pensamiento de un hombre así es su cuerpo”. Puede ser: “mente sana en cuerpo sano”, o cuerpo enfermo como manifestación de pensamientos distorsionados. Afortunadamente en las enseñanzas de Hermes “el tres veces sabio” la enfermedad viene de la mano con el remedio: “Cambia el pensamiento y sanarás tu cuerpo”.
Es evidente que en un hombre existen aspectos visibles e invisibles. Todos podemos palpar el cuerpo físico, pero no hay forma de ver o tocar un pensamiento. Solamente podemos deducir que este existe por los efectos que produce. Según la Ley de la Correspondencia, si así es en el microcosmos, acá abajo, igual debe ser en el macrocosmos, allá arriba. En el espacio exterior podemos ver objetos físicos, tales como: planetas, sistemas solares y galaxias. Pero no es posible descubrir tras de ellos la mente que los dirige. Solo por deducción podemos tener la certeza de que existe.
En el cuerpo humano todo es mente. Cada célula es inteligente y guarda la información que precisa. Además tiene la habilidad de comunicarse instantáneamente con las demás células. Estas capacidades son reales, pero no podemos verlas ni tocarlas. Por ejemplo: nos aporreamos el dedo gordo del pié e inmediatamente el sistema nervioso y el cerebro lo saben. Como resultado el dedo golpeado recibe la dosis adecuada de aquello que necesita para cicatrizar la herida y combatir una posible infección.
De la misma manera, en el universo también Todo es Mente. Cada célula del macrocosmos, llámese hombre, planeta, sistema solar o galaxia, posee proporcionalmente el grado de inteligencia que necesita. La interconexión entre ellas y la Mente que las gobierna también es perfecta: el Todo afecta las partes y las partes influyen a su vez en el Todo. Es un hecho que “ni un pelo de nuestro cabello cae, sin que el Creador lo sepa”. Igualmente, puede ser que un hombre sea más pequeño que la más microscópica brizna de polvo en la galaxia, pero si un ser humano cambia, invariablemente estará alterando la esencia misma de todo el universo.

lunes, 23 de mayo de 2011

El Hilo Rojo

El Hilo Rojo es una leyenda anónima de origen chino, que dice que dos personas que están destinadas a tener un lazo afectivo, estan conectadas por un hilo rojo. El hilo existe independiente del momento de sus vidas en el que las personas vayan a conocerse y no puede romperse en ningún caso, aunque a veces pueda estar más o menos tenso, pero es, siempre, una muestra del vínculo que existe entre ellas.
La leyenda:
Wei Gu vivía en Dulin. Sus padres murieron cuando él era pequeño, por lo tanto quería casarse a una edad temprana. Sin embargo, todas sus propuestas de matrimonio fueron rechazadas. Durante el reinado de Tang Taizong (años 626 a 649), en una visita turística a Qinghe, se hospedó en un hotel de la región sur de la ciudad de Song. Un viajero le comentó acerca de una joven doncella, la hija de Pan Fang, un funcionario del gobierno de Qinghe, y lo invitó a encontrarse con la familia de Pan frente al Templo Longxing a la mañana siguiente.
Muy temprano en la mañana, Wei Gu no contuvo su impaciencia y se precipitó al templo. La luna todavía estaba en el cielo cuando llegó. Había un anciano sentado en los escalones del templo, recostado sobre un bolso, leyendo un libro bajo la luz de la luna. Wei Gu echó un vistazo al libro, pero no podía leer sus palabras, entonces con curiosidad preguntó al anciano, “¿qué tipo de libro está leyendo? Desde pequeño he estudiado muchas diferentes lenguas, hasta sánscrito indio. Pero debo confesar que nunca me he encontrado con la lengua escrita en este libro, ¿qué puede decirme sobre él?” El anciano sonrió y dijo, “este no es un libro escrito por seres humanos, proviene de 'el mundo invisible', ¿cómo podría usted leerlo?” Entonces Wei Gu preguntó, “¿qué hace aquí alguien de 'el mundo invisible'?” El anciano contestó, “usted llegó demasiado temprano, no es que yo no debiera estar aquí. Todos los administradores del Mundo Yin (mundo subterráneo) administran todo en el mundo Yang, que también es llamado el mundo humano, ¿por qué no deberíamos venir aquí?”
“Dígame, ¿usted de qué es responsable?” preguntó Wei, “de los matrimonios de la gente” aseguró el anciano; Wei Gu se exaltó y dijo, “mis padres murieron cuando yo era pequeño, entonces me gustaría casarme a una edad temprana porque no quisiera que mi descendencia se extinga. Sin embargo, todas las propuestas de matrimonio que hice durante los últimos diez años fueron rechazadas. Alguien me comentó sobre la hija del oficial Pan Fang, ¿piensa que ella se casará conmigo?” El anciano respondió, “no, ella no será su esposa. La mujer con la que usted se casará tiene ahora sólo tres años y se casará con usted cuando tenga 17. En este bolso llevo un hilo rojo que uso para unir los pies de las parejas. Una vez que están destinados a casarse, ato sus pies con este hilo rojo. No importa si son enemigos, ricos, pobres o están separados por una larga distancia, mientras el hilo rojo esté atado, ellos se casarán. Cuando los pies de ella estén atados al suyo, será inútil para usted buscar otra”.
Wei Gu necesitaba saber más, “¿Quién es mi esposa? ¿Dónde vive ella?” El anciano contestó, “su futura esposa vive con una familia que vende verduras, al norte del hotel”. “¿Puedo verla?” preguntó Wei Gu. El anciano dijo, “ella siempre está con la anciana que vende verduras, venga conmigo y se la mostraré”.
Las personas con la que Wei Gu estaba supuesto a encontrarse en el templo no aparecieron esa mañana. El anciano cerró el libro, recogió el bolso y guió a Wei Gu al mercado. Al llegar allí, vieron a una anciana con un ojo ciego que sostenía a una niña de tres años. Ambas lucían muy sucias y feas. El anciano señaló a la niña y dijo, “Esa es tu esposa”. Wei Gu, en cólera, preguntó, “¿Puedo matarla?” el anciano respondió, “Esta niña está destinada a ser rica y a vivir una vida honorable y, además, encontrará la felicidad con usted. Por lo tanto, ¿cómo podría ser asesinada?” Al instante el anciano desapareció.
Una vez que Wei Gu volvió a su casa, afiló un cuchillo, se lo dio a su criado y le dijo, “Siempre has manejado bien mis asuntos. Si puedes matar a esta niña para mí, te recompensaré con 10.000 monedas”. El criado estuvo de acuerdo y, escondiendo el cuchillo en su manga, se dirigió al mercado, apresuradamente apuñaló a la muchacha y se alejó rápidamente. Fue capaz de escapar de la escena porque aquel día había una gran muchedumbre en el mercado.
Cuando el criado volvió, Wei Gu preguntó, “¿La apuñaló?” El criado contestó, “Traté de apuñalar su corazón, pero fallé, entonces la apuñalé entre las cejas”.
Wei Gu siguió proponiendo matrimonio a distintas mujeres sin ningún éxito. Otros 14 años habían pasado cuando le ofrecieron trabajar para Wang Tai, un funcionario de defensa en Xiangzhou. Tiempo después Wang Tai le entregó la mano de su hija en matrimonio porque encontró que Wei Gu estaba altamente calificado. La esposa de Wei Gu tenía entre 16 y 17 años y era muy hermosa. Wei Gu estaba muy contento; sin embargo, observó que su esposa siempre ponía una pequeña flor artificial entre sus cejas y nunca se la quitaba, incluso cuando se bañaba.
Al final del año, preguntó a su esposa por qué siempre llevaba puesta una flor artificial entre sus cejas. Ella le dijo, “en realidad soy la sobrina de Wang Tai, no su hija. Mi padre era el líder de un condado y murió en funciones, mi madre y hermano murieron más tarde; yo era un bebé en ese entonces. La única propiedad que mis padres dejaron era una casa al sur de la ciudad de Song. Viví allí con mi niñera Chen, ella sintió lastima por mí y siempre me cuidó. Sobrevivíamos vendiendo verduras. Cuando tenía tres años, estábamos con Chen en el mercado cuando repentinamente un loco me apuñaló entre las cejas dejándome una cicatriz que cubro con esta flor artificial. Aproximadamente 7 u 8 años más tarde, mi tío vino a Lulong para asumir un cargo. Me adoptó como su hija y me mudé con él, luego me casé con usted”.
Wei Gu asombrado indagó, “¿La niñera Chen tenía un ojo ciego?” Su esposa contestó, “Sí, ¿cómo lo sabe?” Wei Gu confesó, “En realidad, yo envié a aquel hombre loco. Esto es tan extraño”. Entonces relató a su esposa la historia entera.
El destino no puede ser cambiado por el hombre. Entendiendo esto, la pareja de ahí en adelante se hizo más respetuosa el uno del otro. El alcalde de la ciudad de Song oyó sobre este matrimonio predestinado y por lo tanto llamó a aquel hotel “Hotel del Compromiso”.

domingo, 22 de mayo de 2011

Las 7 leyes espirituales de exito

1. LA LEY DE LA POTENCIALIDAD PURA

La fuente de toda creación es la conciencia pura (...) la potencialidad pura que aspira a expresarse de lo no manifiesto en lo manifiesto. Y cuando nos damos cuenta de que nuestro Yo verdadero es de potencialidad pura, nos alineamos con el poder que lo manifiesta todo en el universo.
(En el principio no había ni existencia ni no existencia; Todo este mundo era energía no manifiesta... El Uno alentaba sin aliento, por Su propio poder; No había nada más...) Himno de la Creación del Rig Veda.
2. LEY DE LA ENTREGA
El universo opera por intercambio dinámico (...) dar y recibir son aspectos diferentes del flujo de energía en el universo. Y con nuestra disposición para dar aquello que buscamos, hacemos que la abundancia del universo siga circulando en nuestras vidas.
(Esta frágil vasija la vacías una y otra vez y la vuelves a llenar constantemente de vida nueva. Esta pequeña flauta de caña la has llevado por valles y montañas y has soplado en ella melodías eternamente nuevas (...) Recojo tus dones infinitos con mis manos, tan pequeñas. Pasan los siglos y tu sigues vertiendo, y todavía hay sitio para más. -Rabindranath Tagore, Gitanjali)
3. LA LEY DEL KARMA O DE LA CAUSALIDAD
Toda acción engendra una fuerza de energía que vuelve a nosotros en igual cantidad (...) Lo que sembramos es lo que cosechamos. Y cuando optamos por realizar actos que lleven la felicidad y el éxito a los demás, el fruto de nuestro Karma es la felicidad y el éxito.
(El karma es la afirmación eterna de la libertad humana (...) Nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras obras son los hilos de la red con que nos envolvemos a nosotros mismos. -Swami Vivekananda)
4. LA LEY DEL MINIMO ESFUERZO
La inteligencia del universo funciona con una facilidad libre de esfuerzos (...) con despreocupación, con armonía y con amor. Y cuando domeñamos las fuerzas de la armonía, de la alegría y del amor, creamos el éxito y la buena fortuna con una facilidad libre de esfuerzos.
(El ser completo conoce sin ir, ve sin mirar y consigue sin hacer. -Lao Tse)
5. LA LEY DE LA INTENCION Y DEL DESEO
Es inherente a cada intención y a cada deseo el mecanismo para su realización (...) la intención y el deseo, en el campo de la potencialidad pura, tienen un poder organizador infinito. Y cuando introducimos una intención en el terreno fértil de la potencialidad pura, ponemos a trabajar para nosotros este poder organizador infinito.
(En el principio existía el deseo, que fue la primera semilla de la mente; los sabios han meditado en sus corazones y han descubierto por su sabiduría la conexión de lo existente con lo no existente.- Himno de la Creación del Rig Veda).
 6. LA LEY DEL DESAPEGO
En el desapego se encuentra la sabiduría de la incertidumbre (...) en la sabiduría de la incertidumbre se encuentra la libertad con respecto a nuestro pasado, con respecto a lo conocido, que es la cárcel del condicionamiento pasado. Y en nuestra disposición a adentrarnos en lo desconocido, el campo de todas las posibilidades, nos sometemos a la mente creativa que dirige la danza del universo.
(Como dos pájaros dorados posados en un mismo árbol, amigos íntimos, el Ego y el Yo habitan el mismo cuerpo. El primero come los frutos dulces y agrios del árbol de la vida, mientras el segundo observa con desapego.- El Upanisad Mundaka)
Somos viajeros en un viaje cósmico: polvo de estrellas que gira y baila en los remolinos del infinito. La vida es eterna. Pero las expresiones de la vida son efímeras, momentáneas, transitorias. El Buda Gautama, fundador del budismo, dijo en cierta ocasión:
"Esta existencia nuestra es tan transitoria como las nubes de otoño. Contemplar el nacimiento y la muerte de los seres es como mirar los movimientos de un danza. Una vida es como un relámpago en el cielo; corre como un torrente por la ladera empinada de una montaña."
Nos hemos detenido un momento a encontrarnos, a conocernos, a amarnos, a compartir. Éste es un momento precioso, pero es transitorio. Es un pequeño paréntesis en la eternidad. Si compartimos con interés, con ligereza de corazón y con amor, crearemos abundancia y alegría los unos para los otros. Y entonces este momento habrá merecido la pena.
7. LA LEY DEL DHARMA O DEL PROPOSITO EN LA VIDA
Todos tenemos un propósito en la vida (...) un don singular o un talento especial que podemos dar a los demás. Y cuando combinamos este talento singular con el servicio a los demás, conocemos el éxtasis y la exaltación de nuestro propio espíritu, que es la finalidad última de todos los objetivos.
(Cuando trabajas, eres como una flauta a través de cuyo corazón el susurro de las horas se convierte en música (...) Y ¿qué es trabajar con amor? Es tejer el paño con hilos que nos sacamos del corazón, como si nuestra amada fuera a ponerse ese paño...-Jalil Gibran, El Profeta)

martes, 17 de mayo de 2011

Nuestras Relaciones

El desarrollo de la conciencia es un viaje que nos lleva desde lo conocido hacia lo desconocido. En esa travesía el itinerario es fijo, pero cada cual es libre para acelerar o retrasar su avance. A lo largo de la vía hay paradas, donde algunos seres salen de nuestra vida; y otros entran para sustentar la trama de nuevas experiencias. Cada una de las relaciones que entablamos tiene un propósito, que es el de acercarnos cada vez más al “conócete a ti mismo”, o final del recorrido.
 El encuentro con otros seres no es fortuito. Compartimos nuestra vida solo con quienes vibran en resonancia con algún fragmento de nuestra personalidad. Según la sabiduría de los Esenios, el poder de atracción se activa cuando se cumple una de estas cuatro condiciones:
• Atraemos seres que puedan servirnos de espejo, para que, observando un defecto determinado en el otro, lo cambiemos dentro de nosotros mismos.
• Atraemos aquello que juzgamos como inadmisible. Así nos vemos obligados a comprender, aceptar y respetar la libertad de ser y de obrar de nuestros semejantes.
• Atraemos situaciones y seres que puedan brindarnos la vivencia de nuestros temores más intensos. Solo en esta forma podemos aprender a superar el miedo.
• Atraemos a quienes puedan mostrarnos los valores que perdimos, para que podamos integrarlos en nosotros nuevamente.
 En términos espirituales llamamos “pruebas” a situaciones específicas, provocadas por dificultades con los demás y con nosotros mismos. Quitar esas “piedras del camino” es una tarea que se prolonga según sea nuestra actitud. Sin embargo, para todos el aprendizaje tiene una secuencia que es irrevocable. Nuestros desequilibrios interiores causan conflictos exteriores, que primero debemos resolver a nivel físico, luego estabilizar en el mundo de las emociones y más tarde superar como obstáculos del plano mental.
Al principio el individuo se ve confrontado con sus apetitos desbocados. Estará en problemas por abusos en la comida, la bebida, la sexualidad, y la ambición desmedida por obtener dinero y poder. Hasta que no adquiera un control, que equilibre esas inclinaciones, tendrá que repetir una y otra vez las mismas dificultades. Estas desaparecerán cuando amplíe sus aspiraciones más allá de los placeres físicos.
Seguidamente son los complejos y las perturbaciones emocionales las que colorean la realidad. Hay que aprender entonces a disolver impedimentos como el miedo y el odio, que son la base de muchos males, y domar, además, su séquito de acompañantes. Algunos de ellos son: inseguridad, inconstancia, mezquindad, falta de sinceridad o de integridad, rigidez, fanatismo, timidez, y tantas otras distorsiones semejantes.
En el siguiente peldaño domina la mente. Las pruebas en esta etapa están dirigidas a disolver el orgullo, la arrogancia y la crueldad de algunos seres, cuando la fama, la fortuna, o el desempeño intelectual los apoyan para sentirse superiores. Los conflictos se generan cuando el individuo tiene como hábito el rechazo y la crítica mordaz hacia quienes considera incapaces, o inferiores. La intolerancia lo va dejando solo, privándolo de las relaciones necesarias para que su calidad de vida sea satisfactoria. Pero, en la medida en que se diluye esta forma de tiranía creada por la mente, el ser se integra y desarrolla su intuición, que le abre la percepción de realidades más sutiles.
Amigo, ¡examina hoy minuciosamente cada una de tus relaciones! Ellas son el escenario donde estás haciendo tus prácticas para adquirir sabiduría. Tu recorrido es largo, porque se trata de llegar a dominar las reacciones instintivas, y despertar un propósito consciente en todas tus expresiones. Cuando surjan los problemas no generes resistencia, están ahí para que aprendas una lección sobre ti mismo. Porque quienes hacen parte de tu destino, son trozos de tu ser que debes reconocer, para cancelar el dolor y las heridas que te agobian. Todos los seres somos una sola presencia fragmentada, con el amor como único pegamento capaz de ensamblar esos pedazos, y ponerlos a vibrar al ritmo de un solo corazón.

lunes, 9 de mayo de 2011

Las 7 herramientas de Amor

ACEPTAR: acepto que el propósito del Padre es perfecto y que todo lo que ocurre es neutro y necesario. RENUNCIO a intentar cambiar a los demás y, en su lugar, trabajaré sobre mí mismo. RENUNCIO a luchar y a tratar de modificar el orden perfecto del Universo y sus procesos necesarios, y, sobre todo, a tratar de interferir con las experiencias de vida de las demás personas.

ASUMIR: asumiré el resultado de mis decisiones y de mi experiencia de vida. ASUMIRÉ que mis pensamientos, sentimientos y emociones los genero yo mismo y no lo que sucede a mi alrededor, ni mucho menos lo que piensen, digan, hagan o dejen de hacer los demás. RENUNCIO a culpar a nada ni a nadie por lo que me suceda o deje de sucederme. El culpable no existe.
ACTUAR: actuaré con total eficacia y serenidad ante cualquier circunstancia que se presente, dando sólo lo mejor de mí en las labores que me corresponda realizar. RENUNCIO a agredir de pensamiento, palabra y obra. No agrediré a nada ni a nadie. Tendré absolutas firmeza y lealtad con los acuerdos y compromisos que libremente establezca. El hacer es la clave del tener.
AGRADECER: agradezco TODO lo que tengo y todas las situaciones difíciles y dolorosas, porque ellas son oportunidades que nos da la vida para aprender y hacer nuestro desarrollo espiritual. RENUNCIO a sufrir ante las dificultades, comprendiendo que tienen un profundo propósito de amor para poder reconocer la ley y liberarme de las limitaciones, las dependencias y el sufrimiento.
VALORAR: valoro y disfruto intensamente todo lo que tengo y todo lo que hago. Reconozco que siempre tengo conmigo todo lo necesario, y valorándolo, desarrollaré la capacidad para disfrutar nuevas cosas y relaciones. RENUNCIO a quejarme de lo que tengo. La queja nos hace pobres. La prosperidad es el resultado de la valoración. El que no valora lo que tiene está en camino de perder lo que necesita.
RESPETAR: Respeto a todas las personas en sus ideas, costumbres, creencias, comportamientos, y en su derecho a tomar sus propias decisiones. RENUNCIO a criticar, descalificar, juzgar, condenar y castigar a toda persona por cualquier motivo, porque comprendo que cada quien hace lo mejor que puede con lo mejor que sabe, y no soy yo quién para juzgarlo. Daré información de sabiduría sólo a quien la pida expresamente o a quien acepte mi ofrecimiento sutil por respetuoso.
ADAPTARSE: me adapto sin reservas al lugar donde me corresponde cumplir funciones para lograr en él una vida llena de satisfacciones. RENUNCIO a huir de lugar y de las situaciones que me corresponde vivir. Creer que la felicidad está en otra parte diferente a nuestro interior, es una falsa ilusión.

jueves, 5 de mayo de 2011

Ley de Atracción

La ley de la atracción dice que todo aquello que creas interiormente, eso mismo lograrás.
La ley de la atracción dice que tu vida actual es el resultado de tus pensamientos pasados.
La ley de la atracción dice que tu vida futura será la consecuencia de aquello que crees y piensas hoy en día.
Lo que piensas hoy en dia es el resultado de todo aquello que te fueron diciendo a lo largo de tu vida, tus padres, tus parientes, tus vecinos, tus amigos, tus enemigos, tus compañeros de trabajo, tus jefes y tu mismo.
La mayoría de tus pensamientos no son tuyos, son heredados de otros, al igual que tus conductas.
Llegarás solamente hasta donde creas que puedes llegar, y si de casualidad llegas mas lejos, te autoboicotearas hasta quedar en la situación que crees que mereces.
La inversa también es cierto, si crees que mereces llegar lejos y de momento estás rezagado, de algún modo te acomodarás hasta llegar a las situaciones de privilegio que crees merecer.
Aunque no lo creas, Dios existe y funciona con mente matemática perfecta.
Dios no se mueve por tu necesidad, Dios se mueve por tu fe, por aquello que interiormente crees.
Las leyes espirituales funcionan siempre, aunque no creas en ellas y aunque no entiendas como las mismas funcionan.
Lo similar y lo complementario se atrae, los iguales y los complementarios se atraen, dime con quien andas y te diré quien eres y eso siempre funciona a nivel espiritual.
La gente del mismo nivel espiritual se junta, los chismosos se juntan con chismosos, los borrachos con borrachos, los fracasados se juntan con fracasados, los exitosos con exitosos y los espirituales con espirituales.
Hay tantas radios como receptores, cada uno elige la frecuencia en la que quiere funcionar.
El bíblico Lot dijo que aquello que mas temía le vino, eso es la ley de atracción.
Cree que lo mereces y todo aquello que creas merecer lo tendrás.
No se trata de repetición, sino de creencia interior.
Tienes que creer sin lugar a dudas, se trata de fe enfocada en lo bueno que quieres obtener.
Si quieres creerlo, créelo por fe, felices los que creen sin ver, pero si es no por fe al menos créelo por ciencia, la física cuántica demostró fehacientemente que la mirada de un observador modifica el comportamiento de los partículas atómicas.
La gente presupone cosas acerca tuyo, en cuanto a lo que puedes lograr y a lo que no puedes lograr, tu debes ser libre de esos supuestos acerca de ti mismo.
Cristo, que sabía bastante de la ley de atracción, dijo que cuando orásemos lo hiciéramos creyendo que aquello que estábamos pidiendo ya lo teníamos concedido y eso que pedíamos nos iba a venir.
No te permitas pensamientos negativos, no dejes que el entorno te maneje tu estado de ánimo y tus pensamientos, tu eres libre, no te sumes a las masas alborotadas y menos aún a los agoreros, se libre y maneja tu individualidad enfocado a lo positivo para tu vida.
Si crees que esto funciona, te funcionará, pero si crees que no, no funcionará.
Si crees que puedes como si crees que no puedes, en ambos casos estarás en lo cierto (Henry Ford).
La vida que hoy vives, quieras o no, tu la has diseñado, interiormente, con tus pensamientos y creencias pasadas. Hoy mismo, justo ahora, al momento de leer esto, estas formando tu futuro.
Tus pensamientos determinan acciones, tus acciones determinan rutinas y tus rutinas determinan tu destino, trata que tus pensamientos sean positivos para ser feliz en tu futuro.
Amigo, sea cual sea tu situación actual, apunta siempre a la luna, porque aunque falles el tiro, al menos de seguro le pegaras a una estrella.

En este blog esta el link para ver la pelicula  El Secreto on line.

Etapas de crecimiento

Si comparamos, las distintas edades que vive un individuo, con las etapas evolutivas del ser, veremos que la infancia equivale a la conciencia centrada en las energías de la tríada inferior, supervivencia, sexo y poder. La adolescencia es comparable al nivel de conciencia del sello del corazón, que corresponde a quienes quieren cambiarlo todo, antes de tener el conocimiento de cómo funcionan las cosas. Y la madurez es la fase en que la búsqueda interna activa las energías de la tríada superior, y la ignorancia se transforma en sabiduría.

Como especie también hemos tenido el mismo desarrollo. La raza humana tuvo una niñez revoltosa y egocéntrica. Una adolescencia irresponsable, que puso a tambalear el equilibrio de la vida y de los recursos del planeta. Y ahora se nos presentan dos alternativas: o asumimos la madurez, que significa: aprender a convivir en paz y armonía como familia planetaria y nos adherimos al renacer de los valores espirituales; o nos veremos confrontados con la realidad de un planeta, tan abrumado por nuestros abusos, que con más de lo mismo será incapaz de continuar sosteniendo la vida.
Pero no todos los seres están listos para aceptar la única oportunidad que equivale a supervivencia. Quienes todavía están anclados en su infancia evolutiva, y alegremente continúan repartiendo garrote, es obvio que no están acá para alcanzar la plenitud de la conciencia. Ellos solo han venido como observadores de un proceso cósmico que más tarde, en otro tiempo y lugar, convertirán en su vivencia. Este grupo es muy probable que no esté interesado en estos escritos, y aún más, que los rechacen como modelo de una realidad alucinante y fuera de toda lógica. Hay que aclarar que su actitud está muy bien, y que es la apropiada para los seres de su edad y nivel evolutivo.
En el escalafón siguiente están quienes viven la etapa de disolver los miedos mediante la experiencia directa de aquello que más temen. Estos seres están seguramente pasando ahora por incontables vicisitudes y pueden no comprender el origen de tanto infortunio. Les ayudará saber que este momento crucial de la historia humana nos proporciona un reto sin precedentes. Se nos ha dado una opción similar a la de los alumnos de un colegio, cuyo rector les dice: “Señores, a partir del año entrante este colegio pasará a ser universidad. Aquellos alumnos que tengan un nivel inferior al de cuarto grado tendrán que buscar otro plantel a donde puedan trasladarse. Para quienes estén cursando de cuarto grado en adelante habrá cursos intensivos, que les habilitarán a completar sus estudios secundarios aceleradamente en seis meses”.
Tú, que ahora padeces dolor, violencia y maltrato, tal vez eres un privilegiado participante de esos cursos intensivos otorgados, como gracia, por el universo. Para ti tal vez se ha agudizado el garrote y experimentas cambios cada vez más acelerados dirigidos a llevarte hasta la saturación del sufrimiento. Comprende que no existen víctimas. Tú eres el creador de tu propia realidad y, mientras permanezcas en el miedo, atraerás aquello que más temes. El miedo es solo una señal de tensión, que surge cuando hay conflicto entre lo que deseas y lo que haces. Aprende entonces a aceptar que, si hay circunstancias que no puedes cambiar en tu vida, esa precisamente es la lección que el Universo te presenta como oportunidad para aprender. Tendrás mucha paz si vives con la certeza de que todo está bien. Siempre estás en el lugar adecuado, en el momento preciso y con quienes te corresponde compartir cada experiencia.

miércoles, 4 de mayo de 2011

El Amor Libera, el Miedo Subyuga

 
Cada una de nuestras acciones cotidianas, desde la más sencilla hasta la más compleja, desde pedir que nos levanten en la mañana o elaborar un plan de inversión económica, es el resultado de un proceso de elección. Frente a nosotros hay una red infinita de posibilidades, y a ellas podemos llegar seleccionando desde el amor o desde el miedo.
Muchas decisiones pueden parecer obvias, pero en realidad no lo son. El amor se despliega en una gama infinita de apariencias: la sonrisa de un niño, un “¿por favor me ayudas?”, la constancia para investigar un nuevo conocimiento, la paciencia para construir una relación, el abrazo del amigo, un beso de buenas noches.
El miedo a su vez, tiene una gran versatilidad. A veces se viste de complacencia y afirma: “lo que yo quiero no importa, hagámoslo como tú digas”. Se enmascara de violento para decir que el hombre es un lobo para el hombre y, en consecuencia, la vida es una guerra sin cuartel. Habla con gran obediencia y prudencia para acatar las propuestas de la autoridad. Se cree asertivo cuando escala posiciones y se instala en el poder dejando atrás a sus más leales amigos. En ocasiones, diferenciar si la acción surge del amor o del miedo, puede ser más complejo.
Son muchas las personas que en la consulta dicen: “le quiero tanto que no puedo imaginar mi vida lejos de su presencia”. Aunque parece evidente que aquí se habla de amar, la experiencia en que vive esta persona no es amor sino miedo. En principio, de acuerdo con una nuestra historia cultural, el miedo de perder la persona amada es completamente entendible. Pero qué situación más peligrosa y paradójica. El amor se convierte en un riesgo, una fuente de peligro, en una posibilidad de dolor y, sobre todo, puede quitarnos la autonomía sobre nuestra propia vida.
De esa forma peculiar, al buscar vivir el amor nos encontramos cercados por los miedos: el de la pérdida, el de sufrir, el de no ser correspondidos, el de ser subvalorados o utilizados, el de volvernos sumisos en manos del otro hasta perder la identidad. Aunque el objetivo sea el amor, es el miedo el que se convierte en el protagonista principal y organiza, domina y confunde el escenario del afecto, al desconocer lo esencial, es decir, que el amor libera. El miedo, en cambio, subyuga.
Llama la atención la frecuencia con que el amor de los padres habla desde el miedo. Por ejemplo cuando prohíbe a los hijos la exploración de sus propios caminos, en el supuesto de que los padres conocen el peligro que esas decisiones entrañan. El punto es que al decidir que los hijos no pueden enfrentar las dificultades, también se les impide el desarrollo de sus recursos. Aunque sea el cuidado el objetivo de la acción, es el miedo, con todas sus consecuencias limitantes, lo que anima la decisión.
Otras veces, por ejemplo cuando enfrentamos el final de una relación o de un proyecto de vida y nos encontramos inmersos en el dolor, es precisamente la fuerza del amor que existe en fondo de cada ser humano, lo que nos permite seguir avanzando, atravesar la crisis, volver a ver la luz, y sonreír. Aunque el dolor sea lo que aparece, en verdad lo que sostiene la vida en ese momento es el amor.
En la consulta se oye esta afirmación: “yo creí que nunca iba a volver a sentirme bien, pero poco a poco me he ido encontrado con lo que en verdad soy, siento amor frente a mí mismo y a mis circunstancias, siento que la vida vale la pena”.
Para elegir cuál de los dos caminos tomar, lo primero es tener claro cuál es el sentimiento que estamos experimentando. Podemos reconocer que el miedo es lo que nos impulsa cuando se dan, por lo menos, las siguientes condiciones: pensar que algo malo me va pasar, que mis recursos no son suficientes y que no puedo o no tengo a quién pedir ayuda. En esos escenarios, nos paralizamos o transformamos el miedo en agresión y damos una pelea para ganar o perder.
Reconocemos que el amor nos impulsa cuando pensamos que en la vida hay sucesos malos o buenos y que de todos podemos aprender, que nuestros recursos pueden ser suficientes y, si no lo son, podemos recibir ayuda. Es más: que siempre recibimos ayuda, que en verdad nunca estamos solos pero, sobre todo, que frente a los demás también somos compañía, porque formamos parte de una red humana dedicada al cuidado y a la protección. Todos tienen su propia red.
El camino que elegimos, libre y amoroso, o dominado y asustado, dará forma a nuestra vida y a nuestro futuro. Recordemos: nadie vive solo. Entonces con las decisiones que tomemos, por pequeñas que sean, también daremos forma al devenir de la sociedad en que vivimos.

viernes, 29 de abril de 2011

¿Evitar los conflictos? No, asumirlos.

Evitar que un desacuerdo se convierta en una ruptura total, es un precepto prudente que en nuestro medio cultural se practica a diario. Son muchas las personas que en un momento crítico han oído frases como estas: “deje las cosas así”, “no le dé importancia”, “en el camino las cargas se arreglan”, “no le eche leña al fuego”, etc., etc. Sin embargo, evitar resolver las diferencias también puede matar el alma, el sentido mismo de las relaciones y de la vida.
Esta forma de actuar lleva a las parejas y a las familias a postergar conversaciones importantes; convencidas de que el tiempo se encarga de todo: anestesian sus sentimientos. ¿Será posible una vida plena evadiendo los conflictos?
En no pocas ocasiones son tantas las cosas que una pareja ha ido metiendo en la nevera, que la vida cotidiana termina por transcurrir en largos silencios que se interrumpen solo para hablar “de lo necesario”: “¿A qué hora regresas?”, “¿Almorzamos donde mis padres?”, “¿A dónde vamos de vacaciones?” O, peor aún, la riqueza del encuentro de la pareja en la noche se pierde dentro de un libreto predecible: “¿Cómo te fue?” “Bien, gracias, ¿y a ti? ¿Ya comenzó el noticiero?” De esta curiosa manera se crea la sensación de que se tiene una vida tranquila. Se olvida que la paz tiene que ver con la confianza, en que el otro es interlocutor válido para disfrutar igual lo cotidiano que las crisis.
Otro tanto ocurre en los medios laborales. Allí también se considera que es más sabio evitar resolver los conflictos. Un desacuerdo con la opinión del jefe puede ser peligroso, tanto para el que manda como para el que obedece, ya que uno puede perder el empleo y el otro la autoridad. Por lo tanto, si la autoestima o la dignidad no se interponen gravemente, parece mejor pasar agachado, aunque esto resulte en una perdida de oportunidades para la empresa. Y, finalmente, ni siquiera el ego del que manda será ganador.
Sucede que nuestras creencias culturales nos han enseñado que tener prestigio y respeto social es más importante que nuestra felicidad interior. Y, por lo tanto, no debemos hacer nada que lo amenace. Dentro de esa idea, una relación estable, de larga duración, cuenta que somos personas de bien y merecemos respeto, no importa qué tanto agonice el amor en ese vínculo. Mantener la posición de jefe implica sostenerse en el lugar del que todo lo sabe, ser un ganador que merece el poder que abre puertas, no importa cuántas buenas o valiosas conversaciones se desperdicien en ese recorrido.
Recuerdo el relato de un hombre que no entendía qué le pasaba, pues llevaba un largo y bien avenido matrimonio. A su manera de ver, era tan perfecto que ni siquiera necesitaban hablar, pues conocía muy bien todos los gustos e inconformidades de su cónyuge. Ambos sabían lidiar con el otro. Desde luego, habían aprendido a vivir en las mismas rutinas, cómodas, tranquilas, sin sobresaltos. Poseían los acuerdos necesarios para evitar conflictos y, sobre todo, ningún tema peligroso se tocaba. Pero ahora él había conocido a alguien muy distinto, y con esta persona todo era nuevo. Había una gran cantidad de asuntos para resolver. A él, esta nueva relación llena de conflictos le parecía emocionante y vital.
Le pregunté: ¿Qué pasaría si se atreve a discutir con su esposa esta experiencia por la que usted está pasando? Se asustó mucho y me dijo: “Pues ella se molestaría y nuestro matrimonio se terminaría”. Pero se quedó pensando un momento y afirmó: “Igual se va a terminar si no le doy la oportunidad de que vuelva a ser vital, así que en verdad no pierdo nada si hablo con ella”.
Y es que el amor es la fuerza que impulsa el crecimiento y la evolución de los seres humanos y de las relaciones. Así, cada obstáculo en la comunicación, cada conflicto, es una invitación a expandir nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos.
Cada vez que el temor a vivir un conflicto nos invade y preferimos las rutinas conocidas, la llama de amor se va muriendo en nosotros y nuestra vida se torna gris, aunque parezca tranquila o exitosa. En cambio, cada vez que logramos ser comprensivos, cada vez que nos comprometemos con resolver una diferencia o un conflicto, experimentamos la sensación de estar vivos. Cuando vamos mas allá de lo programado, creamos nuestro futuro, lo hacemos impredecible y por lo tanto, vital.

martes, 26 de abril de 2011

Atrévete a Ser Tú Mismo

El único propósito de la vida en este plano es el de aprender a ser felices. El recorrido hasta lograr la maestría puede ser muy largo y lleno de obstáculos, si permaneces enfocado en metas externas. O puede ser un trayecto corto y agradable, si te atreves a ser tú mismo, aceptando y valorando ese instrumento, que es tu cuerpo, y la función que en la sociedad humana tenga que desempeñar.

Cada ser que nace en la Tierra es una ficha única, de ese rompecabezas enorme que significa la totalidad. Esa ficha es útil, cuando su forma no ha sido distorsionada y encaja bien en el sitio que le corresponde. La forma corporal y la actividad por cumplir también guardan una correlación mágica: si traes, como aprendizaje, realizar oficios que requieran resistencia y fuerza bruta, en claro que tu cuerpo no podrá ser delicado y fino como el de un poeta, ni tampoco te distinguirás por la fragilidad etérea que caracteriza una bailarina de ballet.
Todos los seres humanos son bellos, porque expresan la variedad y multiplicidad con la que se viste la vida. Tú, como mujer, puedes ser gorda, delgada, alta, bajita, negra, cobriza, o rubia; puedes tener rasgos agudos, o una cara plana de luna llena. ¡Y siempre estarás bien! Es correcto que tu cuerpo cambie con las estaciones, porque cada edad tiene un diseño propio, de acuerdo a los roles que tiene que asumir: la espigada señorita casadera, la madre de suaves formas redondeadas, o la abuela de apariencia venerable.
Un sistema de educación equivocado, y la insistente lavada de cerebro para promover el consumismo, han provocado el que la gran mayoría de los individuos quieran ser distintos de lo que son, y se esfuercen por estar en el sitio que no les corresponde. Hay que advertir que quienes así han sido condicionados, están destinados a reciclar luchas y desencantos. Ellos proyectan la felicidad hacia el futuro, lo que es garantía de su ausencia en el ahora.
Las modas imponen un modelo, y el rebaño obediente lo acata. Hemos llegado hasta el extremo de rechazar de “lo que es”, para dar prioridad a lo que “debería ser”. ¿Eres mujer? Para la sociedad solo eres aceptable si el tiempo y la experiencia no se notan en tu cara, y si tu figura coincide con el prototipo de “la muñeca Barbie”. Ella representa la forma humana inerte, sin corazón, y con aserrín a cambio de cerebro. ¡Y pensar que para lucir así, muchas se someten a moldear su cuerpo con la cuchilla del cirujano plástico!
Es enorme el sufrimiento que experimenta el ser humano porque no se acepta a sí mismo. Pero esta actitud aprendida nace de la perversión de un sistema que inculca el irrespeto por la vida. No te dejes engañar, la verdad es que tú nunca podrás coincidir con ningún molde que no esté hecho a tu medida. Además, cuando te empeñas en ser, o en hacer, aquello que no te corresponde, vas directo a sumar fracasos y añadir más bloqueos a tu ya desequilibrada hoja de vida.
Entonces, no te extrañe que el primer paso hacia la felicidad consista en aceptar tu cuerpo físico tal como es. Aprende poco a poco a valorarlo, porque es la única presencia con la que puedes contar “hasta que la muerte los separe”. Comprende que la verdadera belleza no depende del tipo de nariz que exhiba el rostro. Belleza es un estado de equilibrio interno, que se manifiesta externamente como un estado permanente de salud y de armonía.
Tu envoltura física cumple con expresar fielmente aquello que tú eres en los mundos sutiles. Recuerda: “como es adentro es afuera”. Tu figura es moldeada por las actitudes internas: tus pensamientos, y emociones, tus palabras y acciones se vuelven carne y sangre. ¡Observa! Tu vida puede volverse fascinante si estás atento a la acción y reacción: eres la combustión continua de mente, y emociones que se transforman en materia.
Impresas en tu cuerpo llevas las huellas de lo que ya viviste, y las promesas de lo que está por venir. La ley de “Causa y Efecto” rige en cada instante. Por ello, si persistes en dejarte robar la paz por inútiles tormentas emocionales que no aportan soluciones, el precio que tendrás que pagar será muy alto: se alterará tu postura, lo que acarreará dolores; y nuevas arrugas en tu cara delatarán cada tropiezo. ¿Deseas retrasar el envejecimiento? Ningún ingrediente puede ser tan efectivo como estar en paz contigo mismo, y proyectar esa paz a quienes te rodean.

miércoles, 20 de abril de 2011

Disolver conflictos

Todos los seres humanos tenemos dos aspectos que mostrar al mundo: la cara amable, con todas las cualidades y fortalezas que hemos desarrollado, y el aspecto negativo con todos nuestros defectos, fallas de carácter, e innumerables carencias. A esto habría que añadir que cuando la parte positiva está muy desarrollada, por lo regular también la sombra es muy poderosa.
La ciencia de la felicidad consiste en saber alinearse para poder obtener lo mejor que cada ser tiene para dar. Esto se logra solamente cuando somos capaces de mantener nuestro enfoque en su lado positivo. Cuando ocurre lo contrario (percibes reiteradamente sus defectos, no escatimas en la crítica, y rechazas un determinado comportamiento que tú desapruebas) entonces creas la correspondencia exacta para que esa persona descargue en ti toda su negatividad. Realmente todo depende del lente que tú uses, porque es tu enfoque el que crea las correspondencias. Tus experiencias siempre responden a una ley cósmica que decreta: “De lo mismo que tu das, recibes”.
Consideremos por ejemplo el caso de una pareja de enamorados. Cuando están de novios normalmente los dos se regocijan en las cualidades del otro, y su relación los transporta hasta la cumbre de la felicidad y la armonía. Sin embargo, en el momento en que comienza su convivencia, empiezan a notar los defectos del compañero, y sus atributos positivos fácilmente pasan a segundo plano. Entonces la polaridad cambia, y se comienza a atraer es lo peor que la pareja tiene para dar, naturalmente en detrimento de la felicidad mutua.
Todo conflicto en las relaciones comienza con el enfoque de la mente en un aspecto negativo del otro. La mente juzga, hace su propia interpretación de lo que ve, y luego condena. Cuando un patrón mental ha sido creado, la energía fluye en la dirección que se le imprime, hasta devolverse y producir un resultado. En el caso antes citado las consecuencias serán: perder la paz, y atraer cada vez más sufrimiento. Con el agravante de que, una vez ese patrón mental queda establecido, será más fácil reciclar desdichas, que cambiar las actitudes ya establecidas.
La crítica y el chisme son un paso más adelante en este proceso de crear conflictos. Cuando la palabra hablada se une al pensamiento negativo, quiere decir que la energía de creación, que hemos emitido, llevará más fuerza. Tarde, o temprano el boomerang que hemos lanzado retornará a su dueño, trayendo consigo una carga negativa, que invariablemente producirá roces, disgustos y molestias.
Te preguntas entonces ¿por qué nadie me quiere? ¿Por qué mis relaciones están llenas de asperezas y solo recojo incomprensión y agresividad de quienes me rodean? ¡Observa tus pensamientos, y tus palabras! En tu mente tienes la energía para crear tu realidad. Si escoges pensar lo peor del otro, atraerás lo peor que él, o ella tiene para dar. Si reconoces sus valores, y te enfocas en ellos, ocurrirán dos cosas, ambas favorables: 1) Te sentirás bien contigo mismo, y 2) Esa persona estará abierta para compartir contigo sus tesoros internos.
No olvides que hasta el criminal más empedernido, hasta el ser más abominable, posee una chispa de luz en su corazón. Concéntrate en reconocer esa chispa, y experimentarás en tu mundo la milagrosa transformación que solo el poder del amor sabe brindar.

lunes, 18 de abril de 2011

Mente sin Juicio

Sabio no es aquel que tiene su mente atiborrada de información. La verdadera sabiduría consiste en poder ser felices en el mundo tal como es, sin pretender acomodarlo como a nosotros nos gustaría que fuera. Tu paz interior y felicidad dependen de aceptar que no puedes elegir lo que crees que debería ser, pero sí puedes escoger como quieres ver lo que ya tienes. Cuando juzgas como buena o mala una situación confundes la realidad con tu interpretación de ella. Entonces harás que la paz sea imposible para ti, porque tendrás tu mente enfocada en conflictos. Y, por ley de correspondencia, conflictivas serán también las experiencias que el mundo exterior te brinde.
Tienes que aceptar que donde hay luz también existen sombras. Porque el bien y el mal, a pesar de ser dos fuerzas opuestas, son socios, que trabajan juntos con una meta común. Por eso, lo que tu mente califica inicialmente como mal, tiene grandes posibilidades de ser, a largo plazo, un bien disfrazado. Si vamos a escalar una montaña, no son las asperezas de las rocas las que nos hacen posible trepar cómodamente?
Hay una antigua parábola de Chuang Tzu, que pone en evidencia las diferencias entre el sabio y el ignorante. “Hace muchísimos años en la antigua China hubo un hombre llamado Lao Shang, que tenía fama de ser muy sabio. Lao Shang tenía dos tesoros: un hijo adolescente muy inteligente y bien parecido, y un caballo dócil, de raza muy fina.
Un día el caballo desapareció. Llegaron los vecinos y amigos de Lao Shang con toda clase de conjeturas sobre lo que había ocurrido al caballo. Todos estaban desolados por la mala suerte de aquel hombre justo. Pero él, aceptando la situación, les dijo: “antes no tenía caballo y era feliz, ahora, que ya no está, también puedo ser feliz sin él. No veo razón para estar triste”.
Unos días más tarde volvió el caballo a casa de los Shang, y traía consigo una manada de preciosas yeguas. Llegaron los vecinos y amigos alborozados ante la buena noticia. Pero Lao Shang permanecía impasible, sin ver motivo alguno para tanto festejo.
Algunas semanas después el joven, hijo de Lao Shang, decidió montar una de las yeguas nuevas que habían llegado con el caballo. Pero, al primer intento, la yegua despidió a su jinete lanzándolo contra una roca del camino. El muchacho quedó con una pierna destrozada, y hubo que amputársela para salvar su vida.
Horrorizados amigos y vecinos se presentaron ante Lao Shang para apoyarlo ante semejante desgracia. El hombre sabio entonces les dijo: “ quién puede percibir los procesos sagrados del cielo y de la Tierra? Las cosas disminuyen acá y aumentan allá; se presentan completas en un sitio, sufren desmembraciones en otro. Disminución, aumento, éxito, decadencia son los emblemas de la vida y la muerte. Solo la evolución del ser progresa sin tregua. Y con estas palabras los despidió.
Pasado algún tiempo China entró en guerra con Japón. En la población donde habitaba Lao Shang todos los jóvenes aptos para portar armas fueron reclutados para matar o morir. Solo Lao Shang pudo conservar a su hijo junto a él, gracias a que le faltaba una pierna. Así el más grande infortunio de su vida se convirtió en su mayor bendición”.

domingo, 17 de abril de 2011

El Despertar de la Conciencia

La Bendición de irse dando cuenta.

La luz sirve para alcanzar a ver dónde estaba oscuro. Esa es mi más concreta e incipiente explicación de lo que es la iluminación para una vida práctica. Y una de las más grandes dichas de la luz es que, sirviéndonos para iluminar aquel lugar que estaba oscuro, así descubres que en realidad, ahí no había nada. “Darse cuenta” es lo que desvanece toda atemperante reacción y al mismo tiempo hace surgir una amorosa comprensión que permite que Todo sea. Esa es la bendición de un despertar a una Nueva Conciencia. Sin embargo, sé que me podrías preguntar: ¿Darme cuenta… de qué? Y mi respuesta es lo que en esta nota te voy a comentar, darte cuenta de tu iluminación.
Aunque pueden existir una miríada de estados de conciencia, es decir, niveles desde los cuales te puedes dar cuenta, hoy, te nombraré cuatro a mi entender, desde uno de los más primitivos estados de conciencia hasta otro mucho más evolucionado:

- Nivel 1: Te sucede algo.
- Nivel 2: Te das cuenta de que te sucede algo.
- Nivel 3: Te das cuenta que te das cuenta de que te sucede algo.
- Nivel 4: Observas que te das cuenta que te das cuenta de que te sucede algo.

Explicaré brevemente cada uno. En el primer nivel, eres conciente de lo que te sucede, pero tu conciencia de esos eventos consiste sólo y exclusivamente en reaccionar ante ellos. Por eso, por ejemplo, cuando alguien no te trata como tú crees merecer, te molestas o te decepcionas, y la incipiente forma de darte cuenta de que no se te trató como tú querías, es experimentando tu molestia o decepción. Es decir, tu reacción es la única forma en como sabes que algo te sucede; estás en la forma; aquí no piensas, solo reaccionas, y según tú, en total justicia y equidad ante los hechos. En este nivel, el comportamiento humano obedece una ley newtoniana muy antigua: a toda acción corresponde una reacción de igual magnitud pero en sentido contrario. Este primer nivel de conciencia es muy sustentado en el ego de cada uno de nosotros, aquella parte nuestra que siente merecer y cree debe ser tratado de determinada manera en virtud de lo que damos o somos. En este nivel eres una víctima de las circunstancias, una clásica trampa del ego que te abre las puertas al infierno aquí en la Tierra.
Asciendes al siguiente nivel de conciencia cuando deliberadamente deseas sentirte bien y para ello quieres saber más de la evolución del ser humano y dedicas tiempo y espacio a estudiar y leer al respecto para transformarte. En el segundo nivel existe un cambio muy sutil, a veces imperceptible, con respecto al nivel previo. Aquí también reaccionas, pero te das cuenta de que estas reaccionando. Aquí ya piensas, ya piensas que se está tratando de una reacción. Te preguntas porqué sientes tal o cual sentimiento, en lugar de sólo sentirlo. Aquí empiezas a ver que tu molestia o decepción (para seguir con el ejemplo inicial), es algo que surge de ti y no tan solo en respuesta a. En este segundo nivel todavía te molestas o te decepcionas, pero ya empiezas a preguntarte, es decir, a pensar en que tú no tienes por qué ser una víctima, aunque lo sigas siendo.
Asciendes al siguiente nivel de conciencia cuando deliberadamente deseas sentirte bien y para ello quieres saber más de la evolución del ser humano y dedicas tiempo y espacio a estudiar y leer al respecto para transformarte. En el tercer nivel te percatas de que se está repitiendo un patrón. Para seguir con el ejemplo, percibes que alguien te trata mal, desmerecidamente, piensas que deberías reaccionar como lógica consecuencia, pero ahora, al observar lo que siempre te pasa, ahora prefieres no hacer nada. Aquí dejas de reaccionar con manifestaciones externas o formas. Aquí hay solo un desencanto interior ante el trato que recibiste. Pero no pasa de eso. Aquí dura menos el malestar que ahora se volvió sólo interior. Ya empezaste a ir más allá de la forma exterior. Notas que ya no tienes fuerza para explotar, porque ya no te interesa y sabes que te desgasta. En este tercer nivel, ya sabes de ese tremendo desgaste por gran experiencia. Por eso aquí te das cuenta que te das cuenta que te sucede algo. Y ese darse cuenta ya conlleva una información muy valiosa para ti basada en la experiencia, de tal manera, que empiezas a optar por no conferir tu energía vital a tan desgastantes consecuencias de la forma, mismas a las que te puedes adelantar y así las evitas. En este estado de conciencia empiezas a darte cuenta de que todo parece tratarse de una lección que debes aprender. Como aquí te das cuenta que te das cuenta que te sucede algo, alcanzas a ver que ya se está repitiendo mucho el mismo patrón, atraes al mismo tipo de personas, te suceden las mismas “desgracias” una y otra vez, se te aparecen los mismos estilos de carácter aunque sea en diferentes cuerpos.
Entonces empiezas a suponer que quizá se trate de ti y tu causa atractora (nivel vibracional). Te empiezas a dar cuenta de que el único común denominador de todo lo que te pasa eres tú (con tu ego) y tu necesidad de juzgar lo que está bien y lo que está mal para como se te trata, y para con todo. Incluso te empiezas a cuestionar si algo está mal en ti. Te llegas a responder que quizá sí.
Asciendes al siguiente nivel de conciencia cuando deliberadamente deseas sentirte bien y para ello quieres saber más de la evolución del ser humano y dedicas tiempo y espacio a estudiar y leer al respecto para transformarte. En el cuarto nivel de conciencia, observas. Y alcanzas, como una bendición, a darte cuenta de que quien eres realmente es precisamente ese, el que observa. Sucede como un mágico desprendimiento de la forma (ego). Ya no eres al que le sucede algo, ya no eres el que se da cuenta de que le sucede algo, ya no eres el que se da cuenta que se da cuenta de que le sucede algo, sino que descubres que eres el que observa todo aquello. Y cuando te llegas a identificar plenamente con el observador, a su vez, en otro divino avance en tu estado de conciencia sucede que te das cuenta de que “el observador” siempre esta bien. ¡Siempre! Pase lo que pase. Porque no le pasa a él. De hecho al observador no le pasa nada, solo observa lo que sucede en los demás estados de conciencia. Por ello resulta en una bendición identificarte con el observador, resulta divino, porque el observador no es otra cosa que tu espíritu. Llegas a una dimensión donde descubres que, como mero observador, con la única y exclusiva actividad de observar, ya no hay cabida para ningún juicio origen de todo malestar, ya no juzgas, ya no te debates entre si algo está bien o mal. Solo observas pacíficamente el desenvolvimiento de las cosas y te regocijas al entender que todo obedece a frecuencias vibratorias que coexisten naturalmente como un todo.
Aquí no solo te das cuenta, como en el nivel anterior, que con cada conflicto se te presentaba una lección que aprender…, sino que ¡aquí la logras aprender! Y con ello desaparece la insistente aparición de cíclicas circunstancias que sentías que te dañaban. Aquí alcanzas a observar que lo que te pasaba no estaba ahí para castigarte, sino para darte otra oportunidad de aprender la lección, una y otra vez. Al observar, te dices: ¡Esta bien, he aprendido la lección! ¡Todo se trataba de mi ego y hoy sé, gracias a que observo mi verdadero ser, que no soy un ego! Entonces, en el acto, desaparecen todas las necesidades del ego. En el acto, te transportas del infierno al paraíso, aquel divino lugar donde lo normal es estar bien. Llegas a un lugar donde no hay cabida para ningún conflicto ni en la forma ni en en el fondo, cuando mucho, observas el conflicto pero muy, muy de lejos.
Ya no tienes ningún interés, ni el más mínimo, por discutir, por ganar, o por demostrar nada. De hecho, ya no hay ningún interés. Te encuentras en paz observando, pero observando desprendido de todo sentimiento negativo, desprendimiento que se sucede al entender y libremente enfocarte a lo que sigue. Con cada avance en tu estado de conciencia logras transformarte.
Si has notado, en cada nivel te nombro la palabra “transformarte”, y no es casualidad. Mira que hermoso, permíteme arrojarte luz en esta palabra para que la observes bien (¡me emociona explicarte esto!): si divido la palabra “transformarte” en tres, obtengo “trans-form-arte”, donde trans es el prefijo puesto a las palabras con el significado de la parte opuesta, significando “atravesar, ir más allá de”; form se refiere a la “forma”, es decir, la apariencia externa de una cosa (ego) en contraposición a la esencia de que está compuesta (espíritu); y arte la define el diccionario como conjunto de procedimientos para producir ciertos resultados, habilidad, destreza. De esta manera, con una Nueva Conciencia has de entender que “Transformarte” es la habilidad como conjunto de procedimientos para atravesar e ir más allá de la de la apariencia externa de las cosas, es decir, la destreza para ir más allá de la forma (ego) y conocer tu esencia, tu espíritu.
Transformarte es hacer con gran destreza lo necesario para darte cuenta de que no eres un ego; transformarte descubre tu identidad verdadera que está mucho más allá de eso, alcanzando tu espíritu. Y así, llegando allá, a esa identidad esencial, dejas de sufrir. Ahí, en nuestra esencia espiritual, lo normal es estar bien. ¡Eso es trans-form-arte! Quizá a partir de ahora veas con más respeto y admiración a esa palabra por lo que encierra. Como ves, todo te cambia cuando te das cuenta. Todo lo percibes distinto cuando hay iluminación.
En el cuarto nivel de conciencia del que hoy te estoy hablando, alcanzas a observar que todo conflicto de los previos estados de conciencia, desea ser resuelto inherentemente. De hecho, este deseo de ser resuelto es el motivo de su reiterada aparición. Observas, como una bendición, que la aparición de un conflicto resulta ser una invitación a darte cuenta y si lo logras, así avanzar al siguiente estado de conciencia. Por eso, el conflicto, a menos de que tú no decidas resolverlo, se seguirá apareciendo una y otra vez, hasta que aceptes la invitación a evolucionar dejándolo atrás.
Todos estamos, todo el tiempo, invitados a evolucionar, a ir hacia la luz. Por eso, has de resolver el conflicto para avanzar. ¿Cómo resolverlo? Fácil: observando. Observando claramente (gracias a la iluminación) que la esencia de tus conflictos son trampas del ego, y cuando observas al ego actuando sobre ti, lo desempoderas, le quitas el poder, lo descubres, lo desnudas, y francamente así, te das cuenta de que el conflicto era tan solo la escenografía y la tramoya que te distraían del autor de la obra: el ego; y al observarlo, tienes claramente la opción de deshacerte de él y sus necesidades puestas en escena. Incluso, con el tiempo, mientras más estés en este cuarto nivel de conciencia, te sorprenderás hasta con risa de ti mismo, por cómo te alcanzaste a creer la “desdichada puesta en escena” de los estados de conciencia previos.
No podrás dar crédito de cómo creíste en (y con ello creaste) una obra para niños, niñititos tontos, donde siempre elegiste participar con el papel de víctima. La alegría y misericordia con la que te observarás no tienen igual. Sentirás un gran amor por ti y hasta por los que montaron la obra, incluso por su autor y coautores, tu ego y el ego de los demás. Aquí experimentas una enorme bendición en forma de gran dicha cuando descubres que todo se trató de una lección y que al fin, la has aprendido. Todo sufrimiento se desvanece en el acto. La oscuridad desaparece en el instante en que la luz hace su aparición.
Por último, he de confesarte algo de gran envergadura y solo para aquellos que estén dispuestos a vivir, una y otra vez, una Nueva Conciencia, es decir, a evolucionar espiritualmente en forma continua, transformarte. Pon atención en esto, que bien podría tratarse de un quinto nivel, el más sorprendente quizá hasta donde he alcanzado a conocer intuitivamente:

- Nivel 5: Observas el Todo como Unidad.

Para tu sorpresa, en este nivel ya no hay distinción entre luz y oscuridad. Se funde la famosa dualidad en Una sola existencia. Alcanzas a ver que se trata de una sola sustancia, un solo poder, una sola fuerza, con sus dos lados. Alcanzas a ver que en presencia de uno, el otro está necesariamente implícito. Te das cuenta que puedes elegir en todo momento de qué lado estar, pero sin rechazar ni “pelearte” con el otro. Sino amorosamente aceptando la coexistencia, porque en verdad se trata de lo mismo. En este nivel de conciencia te empiezan a hacer sentido frases como esta: “El miedo y el odio son amor, pero en sentido contrario”. Resuenan con gran intensidad frases que hace mucho que habías escuchado pero que hasta hoy recobran un tremenda verdad en tu interior: “En el mundo no hay maldad, sino abundante ignorancia”. Comprendes que muchas personas se han equivocado “de sentido” pero que todos estamos recorriendo la misma única carretera. Comprendes que hasta el “más equivocado”, el que va para el sentido contrario, y para colmo rápido y con fuerza, llegará a un punto (¡llegará!) en el que no tenga de otra mas que darse cuenta de que el sentido correcto era para el lado contrario y emprenda el regreso. Comprenderás que no hay prisa. Estarás preparado para comprender delicadas verdades de unidad total como esta:
“Tan pronto como tú decidas qué ser y hacer, todo lo contrario a ello se te hará presente en tu espacio para que te puedas descubrir. La verdad acerca de los opuestos es que en realidad no existen, excepto en el espacio de lo otro. Debido a que algo no es nada salvo en el espacio donde no es, sucede que cuando te conviertes en un ser que trae luz y cada vez más, no solo habrá una franca oposición, sino que la oposición misma se incrementará…, y deberás regocijarte. Observarás la oposición como signo seguro y cierto de que te encuentras en tu viaje de transformación, en el sendero al paraíso, en el elevado camino hacia la luz. Te alcanzas a regocijar al observar que a mayor oposición, más confirmación del elevado alcance de luz al que estás llegando. Y tú solo observarás pacíficamente el proceso como un Todo, donde incluso empiezas a amar a la oposición. Tu sorpresa: con ese amor se desvanece la ilusión de la dualidad, y todo está bien”.